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La triste historia del pobre Pablito -
30-09-2003, 14:54:33
foro d as.com, leedlo esta gracioso, a mi me ha gustao
Autor/a: montera (192.168.5.---)
Fecha: 30/Sep/2003
"Papá, papá, llévame a Indianápolis que quiero ver ganar a Juancho", le dijo el pequeño Pablito a su padre mientras jugaba con los muñecos de su Happy Meal.
Lo que el pequeño Pablo no sabía es que unas horas más tarde, su ídolo, Juan Pablo Montoya, le iba a dar uno de los mayores disgustos de su vida al tirar al cubo de la basura todas sus opciones al título en el gran premio de Indianápolis de 2003.
Pobre Pablito.
Sin embargo, la tragedia del pequeño Pablo empezó a escribirse en los entrenamientos del viernes cuando Sam Michael, jefe de ingenieros de Williams BMW, decidió sacrificar el agarre del FW25 y apostarlo todo por la potencia y la velocidad punta que tan buenos resultados habían dado al equipo en anteriores ocasiones. De este modo, con un coche excesivamente sobrevirador, JPM logró un mediocre cuarto puesto en la parrilla de salida. No pasaba nada, su rival MS se había clasificado séptimo. Pero sí pasó.
Llego el domingo y el pequeño Pablito, lleno ilusión, cogió su bandera y su paraguas (por si acaso) y se fue con su padre a Indianápolis a ver a Juancho Montoya, su ídolo, luchar por el campeonato del mundo.
Tras una desastrosa salida, Montoya fue adelantado por los hermanos Schumacher y se situó séptimo detrás del McLaren de DC.
- "Papá, papá, ¿dónde está Juancho?"- Preguntó Pablito.
- "Séptimo, Pablito, séptimo." - Respondió su padre.
- "¿Pero el séptimo no era 'chumaquer'?" - Dijo sorprendido el pequeño Pablo.
- "Ahora ya no, Pablito." - Dijo el padre.
- "¿Por qué no? Que lo repitan." - Replicó Pablito.
- "Cállate Pablito y cómete el 'Happy Meal'." - Sentenció su padre.
En ese preciso instante Pablo supo que aquél iba ser un día muy triste.
Al llegar la tercera vuelta al pobre Pablito casi se le atraganta la hamburguesa al ver como JPM se toca con el Ferrari de RB en un incidente totalmente innecesario y que más tarde le iba a costar muy caro al piloto colombiano. Parecía como si su piloto favorito, nervioso por el giro que estaban tomando las cosas, había perdido los papeles y, en un arrebato de furia, le dio por intentar una arriesgada maniobra en el momento más inoportuno.
- "Juancho, que te estás jugando el título." - Gritó el padre.
- "Papá, papá ¿Por qué no se ha esperado?" - Preguntó Pablito
- "Cállate niño que tu no sabes." - Replicó su padre.
- "Pero si el coche de Juancho va como un tiro en la recta." - Dijo Pablito.
- "Cállate Pablito y ponte la gorra que esta empezando a llover." - Dijo su padre.
Pablito se puso su gorra de Williams y a partir de ese instante, y como por arte de magia, Juancho empezó a recuperar los puestos perdidos mientras el Ferrari de MS caía en la clasificación de carrera dejando paso al McLaren de DC, el Williams del propio Juancho y el Renault de Fernando Alonso. Al llegar a la vuelta 14 Montoya adelantó a Coulthard y se situó tercero. Pablito sonrió por primera y última vez en Indianápolis.
El pequeño Pablo, con una Vanilla Coke en una mano y un paraguas de Williams BMW en la otra, vio como su querido Juancho entraba a repostar en la vuelta 17. El principio del fin:
- "¡La manguera, la manguera!" - Gritaba el padre.
- "¿Qué pasa papá, qué pasa?" - Preguntó Pablito asustado.
- "¡La manguera, se les ha atascado la manguera!" - Respondió excitado el padre.
- "¿La manguera? ¿Pero, y las ruedas, papá, qué pasa con las ruedas?" - Dijo Pablito.
- "¡Mierda manguera! ¡Cuánto tiempo perdido!" - Gritó el padre.
- "¿Papá, qué ruedas le han puesto?" - Volvió a preguntar Pablito.
- "¡A quién le importan las ruedas!" - Respondió el padre enfadado.
- "¡Pero si está empezando a llover!" - Dijo Pablito.
- "¡Calla y bébete la Coke que te sacudo!" - Grito el padre.
Pablito abrió su paraguas mientras veía como sus peores temores se hacían realidad y su querido Juancho empezaba a tener graves problemas a medida que llovía más y más fuerte. Dos vueltas más tarde el equipo recibió la noticia de que Montoya había sido sancionado con un drive-through por su accidente con RB. Incomprensiblemente Juan Pablo continuaba en la pista con neumáticos de seco.
- "¡Drive Through! ¡No puede ser! ¡No es posible!" - Gritaba el padre desesperado.
- "¿Qué es eso papá, qué es eso?" - Preguntó Pablito nervioso.
- "¡Drive Through! ¡Esto es culpa de Ferrari! ¡Ladrones!" - Gritaba el padre.
- "¿Drive Through? ¿Cómo el de Mc Donalds?" - Volvió a preguntar Pablito.
- "¿Pero y las ruedas, a qué espera para cambiar las ruedas?" - Gritó Pablito.
- "¡Canallas!… ¡Y tú cállate Pablito que me tienes harto!" - Dijo el padre.
El pequeño Pablo no salía de asombro al ver que Juancho, tres vueltas después de recibir el aviso, continuaba en pista con los mismos neumáticos. En la vuelta 22 Montoya cumple su sanción y una vuelta más tarde, después de darse un paseo por la hierba, vuelve a entrar en el pitlane a por neumáticos de mojado. Cuando volvió a la pista ya había sido doblado... por Jenson Button. Al pobre Pablito se le llenaron los ojos de agua.
A partir de ese momento el Ferrari de MS y sus Bridgestone empezaron a hacerse cada vez más dueños de la situación. Los pilotos de Bridgestone dominaban la carrera. Para colmo, el equipo Williams reaccionó demasiado tarde y RS terminó golpeando el coche contra la barrera al llevar las gomas equivocadas. Juan Pablo intentaba desesperadamente mantenerse en carrera. Mientras tanto, los seguidores de Juancho no salían de su asombro.
El Ferrari de MS dominaba incontestablemente la situación y al pobre Pablito se le escapó un pedo de los nervios al ver como su ídolo, Juancho, fue doblado en la vuelta 36 por nada menos que... Heidfeld, que marchaba en la quinta posición.
- "¿Pablito, hijo, te has cagado? Preguntó su padre tapándose la nariz.
- "No, papá. Es que se me ha caído un pedo" Contestó Pablo.
- "Pues ten más cuidado y no bebas tanta Coca Cola" Dijo su padre.
- "PPPRRRRRR PPRRR" Replicó Pablito.
La Coca Cola, que el pobre Pablito no había podido siquiera saborear, se le calló de la mano en la vuelta 38 cuando Schumacher se colocó líder y Juancho, a su vez, entró en boxes a cambiar neumáticos en un intento ya desesperado por salvar sus opciones al campeonato. Cualquier esperanza pasaba ahora por ver cuántos abandonos se producían de aquí al final de carrera.
A partir de ese instante el pobre Pablo empezó a temerse lo peor y comenzaron a caérsele las lágrimas casi con la misma frecuencia a la que se le caían los pedos. Esperando un error de Schumacher que nunca llegó, Pablito vio como Raikkonen era la única esperanza que le quedaba para arrebatar el liderato al alemán y robarle dos puntos a favor de Montoya. Pero era ya demasiado tarde, el alemán iba camino de asegurarse los diez puntos del ganador. En la vuelta 67 Juancho adelantó a Fisichella y se colocó sexto pero necesitaba adelantar una posición más para poder seguir aspirando al campeonato.
Ayudado por las tan cuestionadas Bridgestone, en un día en que la lluvia se alió con el más veterano de los aspirantes al título, Michael Schumacher ganó en Indianápolis dejando casi asegurada su sexta corona mundial y se fue a celebrarlo con la tranquilidad del deber cumplido. Mientras, un magistral Raikkonen que había sobrevivido a la lluvia se alzaba con un descafeinado segundo puesto que le permitía mantener mínimas opciones al título.
Castigado por su propio ímpetu, en un día en el que su propio equipo reconoció haber cometido demasiados errores y en el que la escudería de Frank Williams debiera haber brillado como nunca, Juan Pablo Montoya perdió todas sus esperanzas al título y se marchó triste del circuito sabiendo que ninguna excusa podía aliviar el pesar de una mediocre actuación.
Con la cara sucia y el calzoncillo manchado, en un día en el que su ídolo le rompió el corazón, el pobre Pablito se marcho llorando a casa preguntándose qué es lo que le había impedido a Juancho alzarse con el título en una temporada en la que, tras catorce grandes premios llenos de errores y aciertos, su ídolo había sido capaz de poner en entredicho la supremacía del mismísimo Michael Schumacher.
Pobre Pablito. Ni el mismísimo Ronald McDonald podrá consolarle.
bss
ELENA
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