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Sir Lanzarote
Sir Lanzarote tiene una reputación neutra, valórale!
 
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Registrado: dic 2004
03-12-2004, 13:55:13

1.- La busqueda

Después de visperas, cuando los caballeros estaban de nuevo reunidos en torno a la Cama Redonda, se oyó un pavoroso trueno, cual pedo diarreico, que hizo temblar la tierra. Luego, un ululante y violento viento azotó el castillo e hizo abrir la puerta del Gran Salón de par en par y oscilar la luz de las velas. Todos los caballeros presentes se cagaron la pata abajo, todos menos yo, claro, sir Lanzarote del Nabo, no porque no tuviera miedo, sino porque estaba liado haciendo cochinadas con una criada y no me enteré del trueno dichoso.

Un extraño silencio -junto al olor de numerosas flatulencias- flotaba en el ambiente cuando regresé. De repente

-¡Gracias sean dadas por lo que hemos visto! exclamó sir Marcus el Rubio, el de las Rubias Greñas, poniendose en pie- Juro que no descansaré ni disfrutaré de carnales placeres mundanos hasta haber visto donde se halla el Punto G....

-Einnnnn???? -se preguntaron todos, pero sir Marcus iba al a suya, y ni se enteró.

-... donde quiera que esté!!! Lo prometo por mi honor de caballero de la Cama Redonda

"Tenía que ser el capullo este", me dije, mientras aponsentaba mis nalgas en la silla más próxima. "Listo e inteligente, pero pedazo de cacho de capullo, el muy...."

Como si se hubiera declarado barra libre en todos los burdeles del país, los demás caballeros juraron alegremente no descansar hasta haber cumplico el votor de sir Marcus, sin ni siquiera morir en el empeño ni cansarse demasiado, amén de hacer todas las warrerias posibles con toda moza de buen o mal ver disponible.

Emocionado, el rey Arturo decretó una fiesta para celebrar semejante evento, con lamentables resultados, pues al día siguiente solo un puñado de caballeros -que no habían conseguido mojar en toda la noche ni con los animales de compañía- estaba disponible para la misión. Para evitar la coña generalizada, se largaron con viento fresco bien prontito, en cuant osalió el sol.

Y es justo que yo, Sir Lanzarote, el caballero más valiente habido y por haber -no hace falta hablar más de mi, pues es de sobras conocido que soy el más guapo, listo y cabrón de todos- y que tomó parte de esta gran aventura, detalle los nombres de todos los pringadillos que, como yo, nso tocó bailar con la más fea, porque los demás estaban demasiado resacosos. Mis compañeros fueron:

Sir Gangrenillas el SinPutaIdea, confundido buscador de vete tu a saber que, valiente, honorable, mundado y casi casi leal. Buen tío, confundido, pero buen tío.

Sir Fran el Macizo, idealista, noble, temerario, generoso y arrojado. Buen tío, macizo y buenorro, cierto, pero buen tío también.

Sir Marcus el Rubio, el de las Rubias Greñas, el zumbado que pegó el grito dichoso y la cagó con su vision de las narices. De todos modos, un buen amigo con el que uno iría de cabeza al infierno -pues alguien tiene que pagar las bebidas, no te digo.

Sir Xavierus el Peludo, el de las rastas que se le salían por la armadura, valiente, honorable y leal -a saber a quien...-, puteador a ratos perdidos de Sir Lanzarote, al que, sin embargo, idolatra en silencio. Buen tío, peludo, pero buen tío.

Sir Chusus el Blanco, valiente, virginal, blancuzco y merengón. En una palabra, capullo. Buen tío, capullo, pero buen tío.

Dipuestos, nos pusimos en marcha hacia donde quiera que tuvieramos que ir, bien aprovisionados de espadas, lanzar y condones que cargaba mi fiel escudero Prepucio en su mula. Asi partímos a la busqueda del Punto G, sin saber que un fiero y terrible enemigo nos acechaba.
   
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