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10-05-2005, 18:44:44
A ver si se recupera este post, que parece interesante. Aquí va uno mío, que bueno, trata de explicar que aunque a veces creamos que las cosas no van bien, incluso de lo no tan bueno se puede sacar algo en positivo.
TODO ES FALSO
Era uno más, uno entre tantos, un currante sumergido en una rutina que sólo tenía pausa en algunos días señalados. Una vida de la casa al despacho y del despacho a la casa, con alguna visita al bar de la esquina, con aquellos seres llamados amigos, autores de tanta juerga ya pasada.
Tenía todo lo material que a su joven edad podía esperar: un coche ‘pa’ ir tirando, un poco de dinero y un colchón donde dormir ¿pero dónde queda todo eso si no se tiene con quién compartir?
Sólo, rodeado de multitud; pobre, con billetes en su cartera; a veces se preguntaba si todo era real o si todo es falso, como si de un videojuego se tratara.
De repente algo nuevo, casi desconocido, se presentó en su vida, como si fueran dos caminos que ante él se proyectaban. Y todo tenía su origen en un músculo caprichoso al que antes llamaba corazón, pero cuyo nombre ya no recordaba. Hacía tiempo que se durmió, cansado de oír tanto latido en falso, pero parecía que se despertaba…
Dos caminos cuyo único punto en común era la lejanía de sus destinos, lejos de aquella tierra por la que día a día caminaba, lejos incluso del impreciso mundo de su cordura, dos caminos que más que resolver sus dudas se las acrecentaban.
Cansado de estar tanto tiempo sin andar se lanzó a correr, buscando resquicios de felicidad en cada uno de ellos, y hallando ciertamente alguna rosa entre tanta espina. Algunas veces pensaba que los dos caminos no eran tan distintos, y que estaba bien lo de recoger cada día una bocanada de aire fresco en uno de ellos, o en los dos, si la oportunidad se presentaba.
Pero las más de las veces todo era un intento vano de trepar por un espejo, liso y transparente, en el que se veía a sí mismo dando tumbos, como si de un hámster en su ruleta se tratara. Por mucho que corriera, por mucho que lo intentara, no avanzaba.
Un día intento adentrarse por uno de estos senderos, escogiendo el más largo. Una oportunidad de éstas que rara vez se presentan le llevaba cerca de su sueño. Pasó muchas noches imaginando un final de camino feliz, ansiando poder ver algo que una sonrisa en su rostro dibujara. Pero al final del camino, no vio nada. Volvió triste sobre sus pasos, comprendiendo la dificultad de su propio anhelo. Casi al mismo tiempo, el otro camino se cerraba, súbitamente, sin avisar y sin dejar nada.
La oscuridad se cernía de nuevo sobre sus pensamientos, cerró los ojos, esta vez soñando con no volver a abrirlos jamás, para así por lo menos huir de ese mundo real en que todo es falso, todo es falso si se trata de un sentimiento…
Pero de nuevo los primeros rayos de sol de la mañana entraron en su habitación, despertándolo, alejándolo de nuevo de los más tristes sueños y de las más felices pesadillas; sí, incluso en los sueños, su vida era una constante paradoja.
Se sentía culpable de su propia desdicha, e incluso le causaba estupor lo que en realidad sentía. No lo podía negar… por uno de esos caminos, por el que había estado tan cerca de ver el final, deseaba, seguía deseando, poder andar, poder cobijarse en un recodo en el que poder descansar, y pensar… pensar que cada día se aproximaba una recompensa a tanto esfuerzo.
Él sabía que ella era un deseo tal vez inalcanzable por muchas cosas, pero no por no quererla. ¿Se puede querer con el corazón nada más? ¿Se puede amar sin que los ojos te hagan ver cómo es en realidad?
Ella, esa Dulcinea de tez morena. Él, ese Don Quijote soñador de blanca palidez. Esquiva y misteriosa, ardiente e impulsiva era ella por fuera, pero soñadora, sensible y sentimental en realidad por dentro. Jugaban a querer ser los dos algo que no eran, él jugaba a creer que no la quería, y ella jugaba a buscar el sol por la noche.
¿A dónde llevará tanto juego? ¿Cuál será la meta situada tras la última vuelta a un sueño? Nadie lo sabe. Pero él lo intuye.
Él intuye, sin rendirse aún, que algún día se romperá el frágil castillo de naipes de su ilusión, que de nuevo se encerrará en su caparazón, y que tal vez algún día se presente otra ocasión que no le haga pensar que todo es falso.
Y ella será un recuerdo escondido tras la niebla del olvido, para siempre, en lo más profundo de su interior. Tal vez algún día, cuando la recuerde, él sonría, agradecido, porque por lo menos ella hizo que volviera a escuchar a su corazón tras tanto tiempo, y quizá sea eso lo que prepare un camino, que no sea falso, hacia su felicidad.
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