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31-03-2008, 17:10:47
Capítulo Final:[Regreso a Brasil].
La noche del 1 al 2 de Mayo no dormí nada. Recuerdo haber llegado a mi hotelito en Riolo Therme, donde me hospedaba.
Poco antes del amanecer del lunes, día 2, me duché, ordené todo mi equipaje, lo subí en el coche, y fui hasta el circuito.
Cuando llegué al autodromo quedé asombrado con el abandono que había allí.
Los portones estaban abiertos y no había nadie. Eran las 6 de la mañana.
Entré con mi coche en la pista ya que no había control. Y Lentamente fui hasta la curva Tamburello, lugar del accidente. Yo estaba bastante conmovido en aquel instante.
Paré el coche a pocos metros de donde Senna perdió el control y salí para ver de cerca las marcas en el suelo.
El circuito tenía su trazado de asfalto, luego cerca de unos 3 metros de pasto y finalmente otros 14 metros de cemento blanco antes del muro.
Vi con absoluta claridad la marca de los neumáticos del Williams sobre el cemento blanco.
La marca formada por los neumáticos arrastrándose era absolutamente clara y nítida.
Y hasta mismo el ángulo del impacto en el muro podía ser calculado con razonable precisión.
Era elevado, algo entre 35 y 40 grados, lo que justificó que el coche perdiera velocidad en tan poco espacio.
Todavía no me impresiono al ver el informe técnico, que algún tiempo después concluyó que el Williams golpeó en un ángulo de aproximadamente 17 grados. Bien, si hubiera sido así, el Williams habría ido prácticamente corriendo junto al muro hasta perder velocidad.
Todavía hoy desconfío con todas mis energías de la precisión del análisis técnico que se siguió al accidente. Ni de lejos pretendo ser el dueño de la verdad tampoco, pero tengo convicción que el impacto fue mucho mayor de lo relatado, lo que me hace dudar de todo lo restante del examen.
Aquel momento de soledad en el circuito fue muy especial, sobre todo cuando llegué caminando hasta el lugar donde el Williams se había parado.
Estaba amaneciendo y no se oía un alma a mi alrededor, tan sólo el silbido de los pájaros, me detuve en el lugar donde el Williams-Renault de Senna se paró tras el impacto, supe que ese era el lugar porque todavía se podía ver lo que quedaba de aquel gran charco de sangre que se derramó tras la traqueotomía de urgencia practicada al piloto apenas 15 horas antes.
En aquel momento recé por él, nuestro gran campeón había perdido la vida en uno de los peores fines de semana que se recuerdan en la F1.
“Descansa en paz” Dije en voz alta
De pronto la seguridad del circuito llegó rápidamente y fui sacado de la pista violentamente.
Me senté en el coche y salí. El destino era triste de ser admitido: el Instituto Médico Legal de Bologna, donde estaba el cuerpo de Senna.
Tomé conciencia de que el piloto que yo admiraba tanto, por quien tanto simpaticé innumerables veces, estaba muerto.
Ustedes no pueden imaginar cuanta gente existía en la puerta del Instituto Médico.
Nadie podía entrar.
En la calle, ya había decenas de ramos de flores, mensajes, fotos, banderas. Venidos de todos los rincones del mundo.
Incluso conocí una señora que viajó en tren de su ciudad, a más de tres horas de Bologna, sólo para estar en la puerta cuando el cuerpo de Senna saliese.
Hasta que salió de allí, el consulado Brasileño necesitó de más de un día, y esta señora tuvo que volverse a su casa, pero el lunes regresó al lugar para despedirse de Senna, un gran gesto por su parte. Al final de la tarde del martes retiraron el cuerpo del Instituto Médico Legal.
Mientras el vehículo que lo transportaba se dirigía para el aeropuerto de Bologna, las personas iban aplaudiendo a su paso.
Yo quería volver para Brasil en el mismo avión, y por eso corrí hacia mi coche y me dirigí al aeropuerto.
Un avión de la Fuerza Aérea Italiana llevó el cuerpo de Bologna a París, a fin de ser embarcado en el vuelo de la compañía Varig a São Paulo.
Conseguí un vuelo de Alitalia para París, y mientras volaba escribí mis textos. En aquella época no se podía usar el ordenador a bordo, de forma que escribí el material a mano.
Tenía poquísimo tiempo para desembarcar en París, cambiar de terminal, dictar a alguien por teléfono lo que escribí para en el diario, y todavía tenía que conseguir embarcar en el mismo vuelo de Varig de París a São Paulo.
Lo conseguí, en el límite, porque el comandante vuelo no aceptó llevar el féretro en el compartimiento de los pasajeros, según manda la ley internacional.
Aceptó sólo cuando el presidente de Varig le hubo enviado un fax asumiendo la responsabilidad por la decisión.
Retiraron los asientos de la sección central de la clase ejecutiva, transfirieron los pocos pasajeros, por suerte, para la primera clase, y cerraron las cortinas que separaban las clases del avión.
Entonces subieron abordo el ataúd envuelto con la bandera, se hizo un gran silencio.
En la clase ejecutiva quedaron apenas los periodistas, de entre ellos Galvão Bueno, Betise Assumpção, la asesora de prensa de Senna, Joseph Lebner, su preparador físico, y Celso Lemos.
Tan sólo unos pocos pasajeros se percataron de lo que pasaba por detrás de aquellas cortinas cerradas, el cuerpo de Senna estaba allí a su lado.
Los comandantes de los otros aviones que sabían que a bordo de aquel vuelo de Varig estaba el cuerpo de Senna enviaban señales con los faros de sus aeronaves, además de conversar con los tripulantes de nuestro vuelo, vía radio.
Galvão Bueno vino contando muchas historias vividas con Senna. Estábamos sentados al lado del féretro del piloto.
“Míralo ahí. ¡¡Mira cómo lo estamos trayendo de vuelta!!” me decía Galvão, muy emocionado.
“Sí... se acabó todo...”, repetía.
Aterrizamos en São Paulo mientras el día 4 de Mayo comenzaba a clarear.
Vi a la hermana de Senna, Viviane, y su marido como entraban en el avión y ambos se llevaron un duro golpe al ver el ataúd. Lloraron mucho, Viviane precisó de asistencia médica.
Todos los pasajeros habían salido por la puerta de atrás del avión, para no tener que pasar por el área de la clase ejecutiva.
Los bomberos entraron en el MD11 de Varig, retiraron el ataúd con mucho cuidado y lo colocaron en un camión del cuerpo de bomberos.
Pude ver mientras me trasladaba del aeropuerto de Sao Paulo hasta mi casa, en Ibirapuera, la verdadera multitud de personas que esperaba en el camino hacia el cementerio para dar su último adiós a Senna.
El cuerpo fue transportado hasta la Asamblea Legislativa de São Paulo, en Ibirapuera, y de allá para el Cementerio de Morumbi.
“Hasta siempre campeón”, pensé mientras veía al camión de bomberos alejarse en la distancia.
http://blogs.gamefilia.com/depeche-m...e-ayrton-senna
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