Flavio Briatore levantaba el pulgar en el 'pit lane'. Sus habituales gafas azules no podían esconder la alegría. El mismo estado de catarsis que vivían los miles de alonsistas en la grada de Montmeló. El júbilo estaba justificado. La segunda plaza de Fernando Alonso en la parrilla borraba de golpe las penurias vividas hasta la fecha por la escudería. Banderas asturianas al viento y un día entero para dejar volar la imaginación.
Y es que los primeros latidos ya dejaron muestra del lavado de cara de Renault. Fernando Alonso no tenía ningún problema en superar la primera ronda y con un tiempo de 1:21.347 se colaba en la tercera plaza, por detrás de Raikkonen y Trulli. Eran los primeros síntomas de mejoría de la escudería francesa, que situaba a Nelsinho cuarto, a unas décimas del español.
Un avance confirmado en la segunda tanda, la que más quebraderos de cabeza había traído hasta la fecha a Renault. "Meter los dos monoplazas en la tanda definitiva será todo un éxito", adelantaba Briatore escasas fechas. Y Fernando Alonso, con un enorme registro de 1:20.804, a tres sólo décimas del mejor tiempo que marcaba Felipe Massa (1:20.584), se metía en la decisiva Q3. Igual que su compañero Piquet, octavo, por detrás de los dos McLaren y el BMW de Heidfeld. Artillería pesada.
Aún quedaba el postre. El plato más sabroso para la ansiosa y colorida grada de Montmeló. Codo con codo con Ferrari, como en los viejos tiempos. Ante el delirio general, con una grito de asombro, Fernando Alonso firmaba el segundo mejor tiempo. Sólo superado por Kimi Raikkonen, insuperable.
