(
http://www.thef1.com/gps/2007/europa/articulo.shtml )
Artículo:
Analisis del GP EUROPA
Las cosas en su sitio
Todo es relativo. A algunos el agua les pone nerviosos, les echa de la pista y les hace sacar lo peor de ellos. Otros toman en sol en plena parrilla, con los ojos cerrados y sonrientes. Así estaba Alonso después de que seis pilotos, entre los que se encontraba su compañero de equipo, se salieran de pista por el diluvio que inundó el asfalto en las tres primeras vueltas del Gran Premio de Europa. Confiado, seguro, tranquilo, impasible, sereno... ¿Quién puede estar así con la que estaba cayendo? Sólo él. Sólo el mejor piloto bajo la lluvia en la actualidad (y probablemente fuera de ella). Ayer muchos recordaron por qué Fernando es bicampeón del mundo, y Hamilton un debutante. Porque el agua, normalmente, pone las cosas en su sitio.
La imagen de la carrera
Quien se quede de la carrera de ayer con la discusión de colegio entre Alonso y Massa es que o bien no es un verdadero aficionado a la Fórmula 1, o es uno de esos detractores amargados de Alonso, o es un periodista inglés o italiano. Porque ayer, como desde siempre, la lluvia sacó esa diferencia que distingue a los pilotos normales de los superhéroes, y puso las cosas en su sitio: a algunos en el primer lugar del podio, a otros en la fría arena de la puzolana. Y quien se olvide del carrerón de Alonso y lo sustituya en sus titulares por el enfrentamiento antes del podio es que lo único que pretende es desmerecer el trabajo soberbio que hizo Alonso en pista. Porque la imagen de ayer no estaba en esa sala blanca donde sólo pueden estar algunos privilegiados y un cámara de televisión; la imagen de la carrera tampoco estaba en las puzolanas donde acabaron las opciones de muchos pilotos; la imagen de la carrera no era la de Hamilton siendo puesto en la pista cual coche de Scalextric... La imagen de la carrera fue el espectacular, sensacional, maravilloso, soberbio, precioso y ya mítico adelantamiento del español sobre el brasileño. Porque en una carrera donde han pasado tantas cosas, el aficionado se sentía abrumado con las imágenes que espetaba su televisión desde Alemania (acostumbrado a recordar sólo uno o dos incidentes de cada Gran Premio), y pudo sentirse confundido. Pero la imagen del Gran Premio de Europa de 2007, la que pervivirá en el tiempo, será ese auténtico rueda-contra-carrocería del Ferrari y el McLaren. Ese adelantamiento por la cabeza de carrera cuando a la misma le quedaba poco más de un par de vueltas mojadas. Esa victoria que puso nervioso como nunca a Felipe Massa, demostrando, una vez más, su impotencia cuando las cosas no le van bien. Porque Massa sabe ser rápido como nadie, sabe salir en cabeza y ganar de principio a fin, pero cuando hay que luchar en pista ya ha demostrado que pierde los papeles.
Seguros Hamilton, grúa incluida
Algo parecido le pasa a Hamilton. Abonado al podio desde el comienzo de temporada, el inglés nunca había salido tan retrasado en parrilla. Tampoco había probado la lluvia en la especialidad máxima, y parece que se le ha atragantado. La salida de pista de Button no fue aislada. Instantes después llegaron Speed, Liuzzi y Sutil, cómo no, los pilotos que nunca pueden faltar si se trata de hablar de accidentes, salidas de pista y, en general, de cualquier demostración de nulo talento al volante. A Rosberg y Hamilton, junto con el propio Button, no se les esperaba, pero también fallaron. Ninguno de los pilotos pudo escapar por sus propios medios de la escapatoria (qué ironía): Button tenía el coche dañado, y es de suponer que los Toro Rosso también (uno de ellos incluso golpeó a la grúa). El único que mantuvo el motor encendido fue Hamilton, seguramente advertido por su propio equipo por la radio. Pero había un problema: el coche estaba de frente contra los neumáticos de protección (incluso llegó a tocarlos ligeramente, pero sin romper el alerón, milagrosamente). De esta manera, Lewis no podía retornar a pista, pues está prohibida usar la marcha atrás para reincorporarse a la misma.
Saltan en este punto un sin fin de preguntas. ¿Hasta qué punto está permitido que un piloto reciba ayuda externa para volver a pista después de haberse salido de ella? El reglamento obliga a salir de un vehículo averiado a su piloto, pero el McLaren estaba intacto. ¿Podía recibir ayuda externa? Podemos recordar la salida de pista de Alonso en Monza (Italia), cuando estaba en Renault, en 2003, que le dejó fuera de carrera, a pesar de que el coche estaba arrancado y listo para volver a pista. Ningún comisario quiso ayudarle (estábamos en casa de la Scudería italiana). Bien distinto fue el comportamiento de los comisarios al año siguiente con el propio Michael cuando, en Albert Park (Australia), se tocó y se salió de pista al cerrar a un piloto (en otra de esas maniobras suyas tan “limpias”). Su coche quedó trabado en la arena, pero no dudó en pedir, casi exigir a gritos, que le empujaran a la pista. Dicho y hecho: Schumacher no tardó mucho en volver a estar en carrera, aunque tuvo que abandonar porque su coche estaba dañado.
El caso de Hamilton es especial: le colocaron en pista en volandas. Si es legal que una grúa devuelva a pista a un coche que se ha salido y no tiene daños, a partir de ahora las cosas podrían cambiar mucho: alguien que se salga recto en Loews sin dañar el coche (o simplemente rompiendo el alerón delantero) puede esperar a que la grúa le ponga recto. Si alguien se sale en cualquier puzolana de las cada vez más amplias escapatorias de los nuevos circuitos, no tiene más que esperar con el motor encendido a que una grúa le devuelva a pista. Y si se salen cinco o seis coches a la vez, como en Nürburgring, ¿a quién sacan primero? ¿Hay que pedir la vez? Un auténtico disparate. La norma debería ser clara: si un coche se sale de la pista y no puede regresar a ella por sus propios medios, está eliminado de carrera, tenga daños o no, tenga el motor encendido o no. Y punto. Porque para devolver los coches a la pista, juguemos todos al Scalextric.
Segunda oportunidad
Pero Hamilton, a pesar de llamar al seguro y pedir una grúa, no fue capaz de aprovechar su segunda oportunidad. Es verdad que el accidente del sábado mermó casi todas sus opciones en carrera, pero en salida llegó a estar detrás de Alonso en la segunda curva. Una remontada impresionante: se colocó cuarto pegado a Fernando. Pero en cuanto comenzó a caer la lluvia, se diluyó y todo el mundo le adelantó. Incluso parecía que se había tocado con alguien y que tenía una rueda rota. Pero no: era él, incapaz de digerir toda esa agua que se le atragantaba, que le ahogaba irremediablemente. Como dice mi jefe: de donde no hay, no se puede sacar. Poco más tarde confirmó su impotencia sobre una pista extremadamente resbaladiza al salir él solito de pista. Cuando se dio la segunda salida, el equipo se equivocó y le montó rueda de seco. Lo que le faltaba; no tardó en volver a probar la tierra. A partir de ahí, su remontada no fue tan espectacular. Sí, pasó de ser último a estar entre los diez primeros, con adelantamientos incluidos, pero hablamos del líder del mundial que conduce el mejor coche de la parrilla luchando con pilotos de segunda clase. Un desastre. Sin embargo, no podemos olvidarnos de su juventud, su inexperiencia y su gran capacidad de aprender. Si lo aprovecha, en el futuro no volverá a cometer estos errores. Sobre todo si después de carrera le echa un vistacito a la telemetría de Alonso y le pregunta: ¿Ah, pero se puede adelantar sobre mojado?
Porca miseria
Massa no sólo perdió la carrera, sino que mostró su desesperación con un lenguaje propio de colegios públicos estadounidenses (aunque sea brasileño) al haber sido adelantado a cuatro vueltas del final. Alguien me dijo que quien pierde los papeles es que ha hecho algo mal. Massa no se estaba defendiendo de las acusaciones de Fernando; estaba descargando la impotencia de no haber podido ganar una carrera que creía suya desde el sábado, de haber sido humillado, de haber sido incapaz de luchar legalmente por la victoria, de haber perdido, de llevar haciéndolo muchas carreras, y de que el Mundial se le esté escapando. En esa estúpida discusión antes del podio (más patéticamente espetada en italiano) Massa le dijo algo así como que Alonso siempre tiene que ganar como sea; es la frase que le delata: lo que realmente le dolió no fue el gesto de Alonso señalando el golpe en su McLaren, sino haber perdido la carrera a cuatro vueltas del final y sobre la lluvia. Traducido de forma libre (pero conservando la lírica de Massa) podría entenderse: «Joder, tío, no me jodas, que la carrera era mía. ¡No me disputes en pista a cuatro vueltas del final, que no sé!». Pero así son las carreras, amigo Felipe: hasta que no baja la bandera de cuadros y Alonso la ve, puede pasar cualquier cosa... ¡Incluso que te hagan el mejor adelantamiento que tú jamás serás capaz de soñar!
Busque las diferencias
No se debe dedicar mucho más tiempo a la pelea entre los dos pilotos: Alonso ya pidió perdón por su comportamiento al bajarse del monoplaza, quizá, demasiado efusivo y ofensivo. Pero ¿ha pedido Massa perdón por sus insultos y su actitud chulesca? No es nuevo que un piloto le recrimine a otro alguna maniobra, lleve o no razón. Lo que es inusual es que el otro afectado se ponga como un energúmeno, insulte y golpee al otro. Porque hablando se entiende la gente y estamos en el siglo XXI. Alonso, sin embargo, tachado de antipático, arisco y casi violento, aguantó impasible las majaderías del deslenguado piloto de Ferrari, obviándole y celebrando su victoria ante la cámara. ¿Llevaba razón Alonso en sus acusaciones? Sí o no, Massa la perdió toda con su comportamiento antideportivo, incapaz de tranquilizarse y exponer su punto de vista serenamente.
Pero centrémonos en el choque. Una victoria así es digna de magos de la lluvia como Senna o Schumacher, y no merece ser ensombrecida por una anécdota tan vulgar como esta. ¿Tuvo Felipe la culpa? Es verdad que el McLaren ya estaba claramente por delante del Ferrari, pero Felipe necesitaba esos centímetros extra para lograr apoyo y no salirse, pues la curva le “empujaba” hacia el exterior. Pero ¿era necesario abrirse tanto? La maniobra se saldó sin roturas para nadie, pero ¿y si se hubiera producido? Entonces, seguramente, la actitud de Alonso sí habría estada justificada. Sin embargo, hay que remontarse tres curvas antes para entender mejor lo sucedido: al final de recta, Massa se abrió exageradamente cuando el McLaren ya estaba prácticamente parejo a él. Alonso tuvo que usar el asfalto de la escapatoria para evitar la colisión. En la curva del adelantamiento, sencillamente, no existía más asfalto que el de la propia pista, por lo que Alonso se negó a salirse de pista por muy tozudo que se pusiera Massa. El resultado es el que fue: Massa perdió.
Por su parte, el pupas fue, una vez más (y hacía tiempo que le echábamos de menos), Kimi Räikkönen (ese nombre extraño que se escribe con dos diéresis pero que casi nadie lo hace, seguramente por pasotismo). Ese hombre extraño que estuvo a punto de sonreír en el podio de Silverstone tuvo que abandonar cuando iba tercero y, aunque llegó a amenazar el segundo lugar de Alonso, no llegó a ser un problema real, pues cuando se le acercaba mucho al alerón trasero, Fernando ponía el turbo y se escapaba de él rápidamente. Así ocurrió hasta justo antes de la avería del finlandés. Kimi ya ha perdido su efímero tercer lugar en el campeonato mundial, a favor de su deslenguado compañero de equipo.
Fernando, pero no Alonso
Fernando es quien me vende los periódicos cada lunes después de la carrera. Uno tiene la suerte de tener un quiosco a los pies de casa, y al bajar a por los ejemplares deportivos no sólo me llevo unas cien páginas de rotativa (de las que realmente sólo leo las escasas veinte que dedican al mundo del motor); también me llevo los comentarios de Fernando que, aunque se traten sólo de los de un seguidor temprano enganchado por la alonsomanía, siempre aportan algo que a uno, en sus casi quince años de pasión de Fórmula 1, se le escapa. Hoy me advirtió, ya que como no tiene al mismísimo Alonso delante, con alguien tiene que desahogarse: «Se ha pasado con Massa». ¡Qué va Fernando! Estamos hartos de la Fórmula 1 políticamente correcta. «No, si lo digo porque en la próxima carrera quizá Massa no se lo piense tanto y le eche directamente de la pista». ¿Deberá llevar Alonso chaleco antibalas a Hungría?
Deguste su menú; cocina Alonso
Pero por encima de todo, queda claro que hoy el español Fernando Alonso es el número uno en la pista. Cuando el resto resbala, se sale, choca, insulta... él sigue como si nada, con más velocidad y seguridad. La lluvia no sólo no le obliga a permanecer en la línea ideal de trazada en las curvas, sino que es capaz de inventarse nuevas trazadas imposibles, desafiando a las fuerzas centrífugas y demás leyes físicas. Su adelantamiento fue sencillamente magistral, de los que ya poco se ven en este deporte, y menos entre líderes del mundial, bajo la lluvia y a cuatro vueltas del final de carrera. Una delicia, una exquisitez, un bocado de jugosa crema aromatizada de los mejores sabores mezclados en poco menos de media vuelta. Y quien no quiera verlo es que no tiene papilas gustativas. Bon apetit.
El semáforo TheF1
Semáforo verde:
· Fernando Alonso. Sin más. Él.
· Mark Webber. No es que el australiano sea digno de nuestros elogios, pero hay que reconocer que aguantó en pista cuando otros no pudieron. Sólo por eso y por pisar el podio, se lo merece.
· Markus Winkelhock. Debutante en su tierra y grandiosa actuación hasta la avería de su Spyker. Incluso lideró la prueba, aunque fuera un espejismo, durante las primeras vueltas. Bonito recuerdo con un final amargo. No es fácil mantenerse en pista en esas condiciones para un debutante, pero superó el examen.
· Ron Dennis. Ya sabíamos por qué cruzaba los dedos Michael Schumacher justo antes de la salida: él era quien iba a entregar el trofeo al equipo ganador. Si no ganaba un Ferrari, la situación podría ser, cuanto menos, curiosa. Y lo fue: ¿Quién podía imaginar que a cuatro vueltas del final, con Michael cambiándose en los vestuarios para quitarse el mono de Ferrari, Massa iba a perder la carrera? La cara de Ron Dennis no podía denotar más felicidad: el omnipresente Michael (se parece a una versión del padre de Hamilton para Ferrari) le hizo entrega del trofeo por su gran trabajo. Trofeos así saben mejor, ¿verdad, Ron?
Semáforo rojo:
· «Pues tú más» Ni en las peleas en los patios de colegio se ven argumentos y palabras tan soeces como ayer en la antesala del podio. Frente a un Alonso tranquilo y dialogante, Massa perdió los papeles. Aun así, mal para ambos. Espectáculo lamentable que pudo ensombrecer la gran carrera que vivimos ayer y que desvía la atención de lo verdaderamente importante: el deporte sobre la pista.
· Hamilton. No es el fin del mundo. Este momento tenía que llegar, y habrá más. Pero aun así, Lewis estuvo completamente deslucido. Lo de la grúa es algo que podría marcar un antes y un después si la FIA no lo aclara.
· Felipe Massa. Los brasileños tiene cierta fama de ser buenos bajo la lluvia: lo fue Senna y lo es Barrichello. Pero Massa está rompiendo la racha. Una pena.
· Comisarios. Si fueron realmente veloces en Canadá en el accidente de Kubica, en el de Hamilton, el sábado, tardaron un minuto sólo en llegar al coche. Una eternidad, sobre todo si el coche llega a salir ardiendo. Un cero.
· Kimi Räikkönen. Una vez más, el pupas, pero también incapaz de controlar su coche; casi se estrella contra el muro de boxes al intentar acceder a él. Su error le costó un efímero liderazgo que terminó con la rotura, una vez más, de su monoplaza. Dicen que Alemania se le atraganta. Se acabó su racha.