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José Martín
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23-04-2005, 17:12:14

originalmente dedicado a una buena amiga, que no creo que se oponga a que comparta esta pequeña cosita con el foro

Cristina y la playa.

Un día en el que había mucho ruido en el aire de la ciudad, Cristina descubrió que los besos de su amado no le sabían a nada. Sin embargo, ella le amaba, pues había bautizado todas las estrellas con su nombre. Como ella no podía imaginar un amanecer sin él, partió en busca de una solución. Sin dudarlo, una mañana le dejó una carta en la almohada dorada por el sol naciente, y se marchó a buscar la respuesta a su problema.
Muchos días después llegó al fin del mundo, a un reino lejano del que nadie había oído hablar, donde las torres no eran de cristal, sino de caramelo, donde las escaleras conducían a nidos de águilas y donde las personas nunca tenían prisa por ir a ninguna parte. Los edificios no tenían puertas cerradas, pues nadie robaba a nadie, ni existía la policía, ya que nadie odiaba a nadie.
Al salir de la ciudad, Cristina, dulcemente cansada, caminó sin saber a donde, sin buscar ya nada especial. Y por ello encontró a un joven vestido con un largo abrigo negro en la playa. El joven, que no se volvió a mirarla, tenía los ojos tan negros como el atardecer de las colinas de la Tierra Lejana, aquella donde el Rey de los Ciervos tenía su corte de marfil y plata.
Lo miró como se mira a un desconocido, pues nunca lo había visto. Y, sin embargo, algo de él le resultaba conocido. Lo miró, pues, como aquel que espera un encuentro que le ilumine el día y que sólo encuentra misterios que le velan el sueño. A lo lejos, las chimeneas vertían su vómito de humo entre toses de alegría a un cielo cada vez más cercanos, mientras se derrama el día por las paredes y niños descalzos jugaban con los ángeles, que bajaban del cielo para acariciarles con sus alas.
El joven no la miró, sino que continuó poniendo nombres a las olas que se le acercaba mansas y tiernas en aquel desolado paraje de arena y viento. En ese momento, se volvió y la miró, y una sonrisa asomó en su rostro cansado.
Y entonces Cristina escuchó como el sonido, como el ruido en el aire dejaba de batir sus alas, mientras en el mar no había ya peces que encontrar.
Porque él la había mirado.
-¿Qué tengo que hacer para que el amor no muera nunca, para que no termine jamás? –preguntó ella. Mientras tanto, el viento acariciaba tiernamente sus mejillas, pues el viento se había enamorado también de ella.
Al principio el joven no la contestó. Continuó poniendo nombres de mujer a las olas, con las manos enfundadas en sus negros guantes, con la pena oculta en sus negros ojos, con el cuerpo envuelto en sus oscuros ropajes, pues, pese al calor, él estaba frío. Al cabo de un instante, sin volverse ni mirarla, contestó:
-Nunca dejes que caiga el amor en el vacío del olvido. Recuérdate, recuérdale cada día que le amas. No dejes que la cuenta de besos regalados se ponga en números rojos.
Y así se puso el sol. Y hubo tarde y noche, día primero.
El amanecer sorprendió a Cristina paseando por la playa, jugando con sus pies descalzos con las olas, cuando, a lo lejos, vio al misterioso joven, que estaba poniendo nombre a las nubes. Pudo ver sus ojos, y durante un segundo pudo adivinar su pena, pero pasó una nube, le cubrió, y ella olvidó lo que estaba pensando.
-¿Qué tengo que hacer para que el amor no se extinga, para que siempre quiera estar con él?- le pregunto mientras se acercaba. Tras una pausa, él, sin mirarla, concentrado en el ruido del mar y en las formas de las nubes, replicó:
-No dejes que la epidemia de la tristeza ponga enfermo tu corazón ni el suyo, ni que el ruido de la ciudad apague el latido de tu amor en su corazón. No bajes la cuesta del olvido de su mano ni de la de nadie –Entonces se volvió a mirarla y ella pudo ver sus ojos y su sonrisa-: huye del silencio envenenado y compartido, de los gemidos animales y de los mentirosos.
Y así se puso el sol. Y hubo mañana y tarde, día segundo
La siguiente tarde Cristina estaba tumbada tomando el sol, cubierto tan sólo su cuerpo por el ala invisible de un ángel. Al levantarse y vestirse, vio a su anónimo joven mirando como siempre el mar. Esta vez, sin embargo, no hacía nada. Tan sólo la esperaba.
-¿Qué pasa si sus labios ya no saben igual? –le preguntó ella, mientras se ponía una camisa que apenas ocultaba sus piernas, doradas por el sol, bellas como un junco.
El se volvió hacia ella, sorprendido, y sus ojos se miraron por primera vez, sin que se negaran nada. Y ella le miró como si nunca hubiera visto un atardecer, como si el sol de manzana no hubiera jamás acariciado su piel una tarde de primavera, mientras un tren de gaviotas cruzaba la pradera de desolados silencios de ventanas mudas.
El se acercó a ella sonriente, y cuando estuvo a su lado, le dijo...
-Con esto nunca se marchará de tu lado. Nunca buscará un tranvía ni una nueva estación...
mientras dibujaba con su dedo un delfín en la palma de la mano de ella...
-ni querrá irse a ninguna parte que no sea tu boca...
mientras dibujaba con su dedo una paloma en su mejilla,
-si le besas así como yo te voy a enseñar.

Así halló Cristina el secreto que buscaba. Regresó a su casa, trepando por los recuerdos, y regresó a su amado y a su jardín, a su casa con miles de ventanas y a los amaneceres compartidos, mientras las aceras sufrían de esa epidemia que sólo mata a los locos y a los solitarios.

Lejos, muy lejos, perdido en el delfín dibujado en la palma de su mano, quedó el recuerdo de una playa, de unos días, de un joven vestido de negro, y de un atardecer.


ya me direis que os parece
   
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Bea
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23-04-2005, 19:07:41

Genial, me gustan mucho los 2 :quesi
Pongo uno mio que no tiene que ver mucho con estos 2. Me pedian un cuento o algo parecido por eso es corto y tiene ese aire infantil. Espero que os guste :quesi


La Cantimplora

Las ocho y media en punto. Huele a churros. Trozos de hielo en algunos coches y el cielo despejado. Un hombre trata de empujar su coche que no arranca. Le ayudan Carlos y su padre. Si la intención valiera por si sola, cualquier niño de seis años movería el mundo sin más palanca que sus brazos. Cuando el coche se aleja, largando humo por el tubo de escape, Carlos le dice adiós con la mano y mira a su padre. Y sonríe:
-¡Que machos somos!
Ya en el coche de nuevo, que el padre conduce camino del colegio, Carlos pregunta cuando va a llover.
-No sé hijo, pero hace mucha falta.
-Y como no llueve, está vacío el pantano ¿verdad?
-Casi vacío.
-¿Se ve el fondo?
-No, porque el agua está muy sucia.
-¿Hago pie en el pantano?
-No, no.
-¿Y tú?
-Tampoco
Las respuestas atenúan sus preocupaciones sobre la sequía:
-Las truchas se van a morir. Y los lucios. Y los salmonetes.
-En el pantano no hay salmonetes. Los salmonetes son de mar.
-Pero se morirían si los hubiera. ¿Por qué no te vas de pesca? ¡Fíjate! Todos los peces juntos en un charco. Echas el anzuelo y ya está.
-Si los pescara también se morirían.
-¡Es distinto!
Queda pensativo, imaginando, sin duda, fuentes de pescado frito, que es como a él le gusta.
Su padre le mira de reojo. Orejas grandes y pelo un poco rubio; ojos color caramelo; nariz delgada y respingona; manos tirando a sucias, quizás por el trabajo con el coche que no quería arrancar; abrigo con capucha; pantalones largos, negros, con rodilleras de cuero.
-¿Cuándo tú eras pequeño había sequía?
-A veces. Pero no tanta como ahora.
-Un chico de mi clase dice que su padre, en la guerra, tenía una cantimplora. Estuvo muchos días en un sitio donde no había agua. Su padre ¿eh? No se murió de sed gracias a la cantimplora.
-Yo también tengo una...no sé donde.
-En el baúl grande del trastero. Pero se sale el agua.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque ayer la probé. Debes mandar a que la arreglen.
-¿Por donde se sale?
-Por abajo. Tiene un agujerito. Parece que se hace pis. La dejé en su sitio.
Ahora es Carlos el que mira de reojo. Su padre no dice nada, finge estar pendiente del tráfico de la avenida.
-¡Ejem! ¿Por qué no me compras una cantimplora? Una mañana cualquiera, abrimos los grifos y no sale agua y luego se acaba la de la jarra y el hielo de la nevera. ¿Y entonces qué hacemos?
-Compramos gaseosa.
-Pero también se acaba, porque la hacen con el agua del pantano. ¿Y entonces?
-Bebemos vino.
-Yo no puedo beber vino. Tu me lo has dicho muchas veces. Ni cerveza. Ni coñac.
Su padre decide seguir, a ver por donde sale:
-Hay zumos de naranjas, de uvas...
-Sin agua no se pueden regar los árboles y se acabaron las frutas. Me tienes que comprar una cantimplora muy grande, en la que quepa mucho. Una como la tuya pero mas moderna. Y tienes que arreglar la tuya.
Han llegado al colegio. Aplazan la conversación hasta mañana. Le ve subir, cartera bajo el brazo, las escaleras, y va hacia la oficina imaginando a la gente de casa: su mujer, las niñas, la abuela... todos con cantimploras grandes, donde quepa mucho.
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Rogelio_Pleba
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23-04-2005, 19:51:21

Vamos por partes.

La historia de Yaqui me encanta, tanto en el tratamiento de la personalidad propia de la protagonista, como en el fondo de la historia como el contenido.
Es un estilo que suele gustarme mucho, ponerse en la piel de otra persona, para ver lo que sentiría y darle la vuelta a la explendida opinión que todos tienen para demostrar que no todo es tan bueno como lo pintan. En ese estilo está también la primera que puse, la del piloto.

Sobre la historia de José Martín, sólo puedo maravillarme del estilo literario, como se notan los estudios . Es casi como una fábula en la que todo está en armonía.

En cuanto a la de Bea, tienes que decirme cual es el secreto para hacer los dialogos creíbles, porque yo no soy capaz, en cambio tu haces de un dialogo intranscendente un relato totalmente creíble con toda naturalidad.

Ahí va otra más.


OTRA GUERRA MÁS

Allí estaba otra vez, la tercera guerra natural había comenzado, apenas hacía tres meses que había participado en la segunda y un año de la primera en la que me había encontrado en el mismo campo de batalla en el que estaba ahora. Pocos quedábamos ya de aquella batalla.
Esta vez había escarmentado, ni siquiera me había interesado por saber quien era el enemigo, como había hecho las otras veces, sólo quería saber como debía diferenciar entre las personas a las que debía disparar y a las que no.
El bando contrario esta vez iba de amarillo, de un chillón amarillo que hacía los blancos fáciles de alcanzar. Nuestro color rojo no era mucho mejor, pero ¿a quién le importaba? Sólo a los pobres que luchábamos en el frente.
Las guerras naturales eran el nombre que se había dado a las luchas originadas entre los países de la "Liga natural" y de la "Organización del medio ambiente". Casi todos los países de lo que quedaba del mundo pertenecían a una u otra organización, aunque ni siquiera lograba recordar que países pertenecían a cada una. El enfrentamiento se había producido inicialmente por una discrepancia sobre cual de las dos organizaciones debía reducir más sus emisiones de CO2 a la atmósfera. La causa de la repetición de las guerras no era más que una repetición clónica a la que ya estábamos acostumbrados después de cuatro guerras mundiales, cinco guerras tecnológicas y tres guerras de oro.
Tengo entendido que el mundo aún era un lugar habitable después de las dos primeras guerras mundiales, yo no lo sé. Nací en la pequeña época que separó la tercera y la cuarta guerra mundial, en un país que por aquel entonces se llamaba "Imperio unificado Franco-Español" ignoro si ese nombre se extendía mucho en la noche de los tiempos o el nombre y el territorio que ocupaba era producto de la última guerra. Creo que antiguamente los niños aprendían ese tipo de cosas en el colegio, pero yo no tuve esa oportunidad, la guerra marcaba la forma de vida.
Aquel país no tuvo continuidad, la cuarta guerra mundial lo fraccionó en cuatro estados, uno de ellos inhabitable y otro que se fundió con un estado vecino para formar otro país cuyo nombre no recuerdo y que tampoco tuvo mucha continuidad.
Creo que podría pasarme una hora hablando de las transformaciones entre países que han tenido lugar a lo largo de estos años, pero no serviría de nada, a fin de cuentas las modificaciones volverán a producirse al terminar esta guerra y seguirían produciendose a lo largo de las siguientes guerras.
Algunos aún pueden llamar patria a un pedazo de terreno, yo no. A duras penas puedo saber donde está ahora aquel lugar donde nací ¿en qué país?, ¿en que federación? ¿en que organización?. Sólo recibía ordenes, ya no sabía de quién.
Mis padres murieron durante la cuarta guerra mundial, junto a la mitad de la población mundial que había quedado tras la tercera, no los recuerdo, ni siquiera tengo nada que me los pueda recordar, fueron enterrados en una fosa común que ni siquiera estaba en suelo sagrado.
Me eduqué en varios orfanatos, creo que fueron cuatro, porque los edificios eran destruidos en las continuas guerras, obligando al necesario movimiento de los niños que allí nos encontrábamos de un lugar a otro.
La primera vez que supe cual era mi destino, fue en uno de esos orfanatos y yo tenía cinco años. Una psicóloga llegó para hacernos un test y aconsejarnos sobre nuestro futuro de acuerdo a ese test, eso podía haber tenido sentido en otros tiempos, pero en los actuales el único futuro es intentar sobrevivir.
- ¿Que actividades te gusta realizar en tu tiempo libre? - comenzó.
- No lo sé - recuerdo que dije sin comprender muy bien que era aquello del tiempo libre - Acudir al refugio, supongo.
La psicóloga sonrió con la respuesta, pero yo ya no podía cambiarla.

Creo que desde aquel momento tuvo claro cual iba a ser su consejo final, aunque continuó con el test.
- Ya sé que eres muy joven, pero si tuvieras que pensar en ti mismo de mayor )cómo te ves?
- Supongo que.... aún vivo.
- Pero haciendo ¿qué profesión?
- No lo sé, bastante tendré con estar vivo.
- ¿Qué asignatura es la que más te gusta en clase?
Apenas había dado clase y desde luego poco que fuera realmente útil.
- Trabajos manuales.
- ¿Cómo crees que podría la humanidad conseguir vivir en paz?
Dudé, no era para menos.
- Hay que acabar con los señores malos.
No se puede someter a un interrogatorio así a un niño de cinco años.
No recuerdo lógicamente todas las preguntas, si recuerdo en cambio el consejo final.
- Creo que tu futuro te llamará a la lucha por el bien de tu país - ella tampoco parecía tener muy claro a que país debíamos hacer bien - No lo rechaces porque es lo mejor que puedes hacer por todos nosotros.
Mi futuro estaba sellado por tanto, aquel sutil consejo fue en realidad una cruda decisión que yo no tomé. Era una forma de decir que mi futuro era morir en la guerra.
Luego me enteré de que aquel había sido el veredicto para la mayoría de los niños del orfanato, sólo a unos pocos buenos estudiantes se les animó a ser científicos, abogados o escritores.
Aquella postura tomada por una persona subjetiva sobre unos niños de cinco años y que se nos disfrazó de consejo provocó la remodelación de nuestra educación, ahí terminó mi camino hacia una educación normal y comenzó la educación militar.
Sin embargo, a pesar de aquella evidente formación militar no abandonamos el orfanato, aunque aquello se parecía cada vez más a una mezcla intermedia entre cárcel y academia militar, poco a poco casi imperceptiblemente aquellos niños de futuro afortunado fueron siendo evacuados a otros lugares más habitables, por fin sólo quedamos aquellos cuyo futuro estaba sellado.
No sé cuantas guerras pasaron en aquellos tiempos, pero todavía no había llegado mi momento, el tiempo pasó y pronto todo asomo de educación normal desapareció y sólo sobrevivió la educación militar.
La primera guerra en la que participé fue la tercera guerra de oro, apenas un breve tiempo en el que ni siquiera sabía en que me estaba metiendo, seguía viéndolo como aquel juego continuo en el que me habían tenido los últimos años, apenas tomé conciencia de qué suponía la sangre, el sufrimiento, ni la muerte.
Fui un héroe después de esa guerra, no conseguía entender por qué, no había hecho nada importante, sólo lo que se me ordenaba, pero aquello me gustaba, me llevaron a presencia del presidente de un país que no conocía y me entregaron una medalla. Alguien dijo que los doscientos condecorados aquel día nos habíamos graduado en la carrera de la guerra, no lo niego pero sigo sin comprender a que se refería.
Una de mis profesoras en aquel colegio-cárcel solía decir también que nos habíamos graduado cada vez que le respondíamos bien a una pregunta, pero aquello parecía ser algo diferente.
Las guerras de oro terminaron, simplemente los países decidieron que ya estaba bien de luchar por el control de las minas de oro, no sé quienes fueron los vencedores ni los vencidos, intenté enterarme, pero nadie suministraba aquella información.
Vivimos un tiempo en relativa paz, había continuos enfrentamientos entre distintos países y organizaciones, pero ninguna declaración de guerra, resultaba obvio hacia donde nos encaminábamos, la duda era únicamente cuanto tiempo tardaría en llegar.
Puede que alguna vez el mundo fuera diferente, puede que pudieras vivir sin temor a que te bombardearan en cualquier momento, sabiendo que pasara lo que pasase tenías un lugar donde vivir, unos ideales, un pueblo, ahora ya no importa nada, sólo el seguir vivo.
No tardaron por tanto mucho en llegar las guerras naturales, la reducción en los niveles de dióxido de carbono que se había convertido en importante tema de discusión cuando empezamos a notar las consecuencias del calentamiento global al derretirse parte del hielo polar, había ido encrespando poco a poco los ánimos y fue la excusa escogida en aquella ocasión.
La primera vez que oí hablar de la siguiente guerra no me sorprendí cuando me lo anunciaron en aquel cuartel en que sin preguntar me habían metido, sin embargo cuando me dijeron quienes estaban en el bando contrario, si me sorprendí, la mayoría habían sido nuestros aliados en las guerras de oro. Pronto habíamos cambiado de aliados. Comprendí que en nuestro deshumanizado mundo, aquello había sido sólo algo meramente circunstancial, encaminado a conseguir unos objetivos y aquello ya no era útil.
Inmediatamente fui al frente, a aquel mismo campo de batalla donde estaba ahora mismo, allí había muerto mucha gente y más que morirían.
Seguía sin ver acercarse a los enemigos de momento, los que si se acercaban eran los cámaras, no me quedó más remedio que cumplir con las ordenanzas y enseñar sonriente la publicidad en el pecho de mi uniforme "Beba Coca Cola". Los cámaras continuaron en busca del siguiente soldado.
Alguien me dijo alguna vez que aquella publicidad tenía sentido para una pequeña minoría de gente que no luchaba en las guerras, desconozco si es verdad, para mi no tiene sentido desde luego. Aquella persona también aseguraba que las grandes compañías que nos patrocinaban eran realmente las que controlaban el mundo, quién peleaba, donde y por qué, no creo que sea así, a fin de cuentas el que me lo dijo fue condenado a muerte y ejecutado por traición, así que no era muy de fiar.
Lo único cierto es que desde que las guerras se habían hecho televisadas, creo que fue durante la tercera guerra mundial, se habían hecho mucho más frecuentes y lideraban los rankings de audiencia.
De hecho una de las batallas de la segunda guerra natural, en la que yo participé es el programa más visto de la historia, en aquella batalla gané mi segunda medalla. No me enseñaron bien a leer, pero creo que la medalla dice "A aquellos que nos hicieron ser lideres de audiencia".
Esta segunda guerra tenía las mismas razones que la primera, pero de nuevo los bandos habían cambiado, era totalmente absurdo, fue en aquel momento cuando decidí que no volvería a interesarme por quien era el enemigo. No sé como empezó, un mal día me dijeron que volvía al frente que la guerra había vuelto a comenzar, eso fue todo.
Recuerdo que en las guerras acaecidas hace años, cuando yo era muy niño, había artefactos voladores que se utilizaban en la guerra, semejantes a los aviones, o incluso los propios aviones, barcos guerreros y vehículos especializados para la lucha en tierra. Una vez vi uno de estos vehículos en funcionamiento, era como si una gigantesca roca se moviese por el campo de batalla torpemente, sólo que las rocas no te disparan. Ahora ya no queda nada de eso, o al menos muy poco, todo ha ido poco a poco siendo destruido guerra tras guerra. Continuamente los bandos amenazan con sacar alguna de estas armas que dicen mantener ocultas, pero en la mayoría de los casos, se trata de un farol, sin embargo, cuando se han utilizado algunas de estas armas la zona ha quedado inhabitable. La mayor parte de la lucha es cara a cara, entre los soldados, aferrados a sus armas, muchas de ellas reliquias del pasado y casi inútiles, yo tenía suerte de contar con un buen arma que debía vigilar que no me robaran.
Poco a poco según se iban agotando las municiones nos veíamos cada vez más cerca de tener que luchar con nuestras propias manos o con armas rudimentarias, pero la guerra debe continuar para... Bueno no lo sé. Yo no he recibido educación, pero seguro que alguna razón debe haber.
Debe de parecer que me quejo por todo, pero me siento agobiado por tanta guerra, no sé casi ni quien soy, ni donde vivo ni por qué, sólo sé que soy uno más de los veteranos de las guerras a los que han llamado nuevamente para otra más, después de un periodo corto de paz entre la segunda y la tercera guerra natural, y aquí estoy otra vez más jugando con la muerte.
La guerra es mi vida, siempre lo ha sido y no sabría vivir de otra forma, lo acepto, he aprendido a vivir con ello y no espero más que una muerte rápida cuando llegue el momento.
Por fin a lo lejos vi como empezaban a aparecer los uniformes amarillos del enemigo, por fin un poco de acción. Me dispuse a empezar la batalla y dar mis primeras ordenes, porque por primera vez tenía soldados a mi cargo. Con un poco de suerte ese sería mi último día de vida, a menudo rezaba por ello, y es que ya había vivido demasiadas cosas durante demasiado tiempo, a mis trece años era de los más veteranos que había en aquel campo de batalla.


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23-04-2005, 20:09:08

chic@s me han encantado vuestros relatos, muy wena idea este post :quesi :quesi yo no soy mu buena escritora, soy de ciencias pero a ver si un dia me animo y os pongo algun relato
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23-04-2005, 20:29:51

Vero, yo también soy de ciencias y eso no es óbice para escribir historias.
De hecho hay muchos libros publicandose ultimamente escritos por personas de ciencias (medicos biólogos...).


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Yo no sabría decir si por ser de letras se me da escribir mejor o no. El hecho es que siempre me ha gustado escribir, y, si tengo una buena idea, una buena inspiración -como mi dulce Cris- o un poco de chispa, a veces hasta sale algo bueno.

Rogue, tu historia me ha recordar una novela de Anthony Burgess, The Wanting Seed, donde hay una larga guerra que nadie sabe muy bien para que es, hasta que el prota descubre de que va todo. No se, tu historia tiene algo que me la recuerda. Me ha gustado, Rogue :D.

Muy buena "la cantimplora" también. Como ver un pedazo de vida a través de un agujerito. Mis felicitaciones Bea.

:quesi
   
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24-04-2005, 18:36:44

Me han encantado vuestros relatos!Seguid escribiendo así de bien :quesi
   
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pedro_mu84
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10-05-2005, 18:44:44

A ver si se recupera este post, que parece interesante. Aquí va uno mío, que bueno, trata de explicar que aunque a veces creamos que las cosas no van bien, incluso de lo no tan bueno se puede sacar algo en positivo.

TODO ES FALSO

Era uno más, uno entre tantos, un currante sumergido en una rutina que sólo tenía pausa en algunos días señalados. Una vida de la casa al despacho y del despacho a la casa, con alguna visita al bar de la esquina, con aquellos seres llamados amigos, autores de tanta juerga ya pasada.
Tenía todo lo material que a su joven edad podía esperar: un coche ‘pa’ ir tirando, un poco de dinero y un colchón donde dormir ¿pero dónde queda todo eso si no se tiene con quién compartir?
Sólo, rodeado de multitud; pobre, con billetes en su cartera; a veces se preguntaba si todo era real o si todo es falso, como si de un videojuego se tratara.
De repente algo nuevo, casi desconocido, se presentó en su vida, como si fueran dos caminos que ante él se proyectaban. Y todo tenía su origen en un músculo caprichoso al que antes llamaba corazón, pero cuyo nombre ya no recordaba. Hacía tiempo que se durmió, cansado de oír tanto latido en falso, pero parecía que se despertaba…
Dos caminos cuyo único punto en común era la lejanía de sus destinos, lejos de aquella tierra por la que día a día caminaba, lejos incluso del impreciso mundo de su cordura, dos caminos que más que resolver sus dudas se las acrecentaban.
Cansado de estar tanto tiempo sin andar se lanzó a correr, buscando resquicios de felicidad en cada uno de ellos, y hallando ciertamente alguna rosa entre tanta espina. Algunas veces pensaba que los dos caminos no eran tan distintos, y que estaba bien lo de recoger cada día una bocanada de aire fresco en uno de ellos, o en los dos, si la oportunidad se presentaba.
Pero las más de las veces todo era un intento vano de trepar por un espejo, liso y transparente, en el que se veía a sí mismo dando tumbos, como si de un hámster en su ruleta se tratara. Por mucho que corriera, por mucho que lo intentara, no avanzaba.
Un día intento adentrarse por uno de estos senderos, escogiendo el más largo. Una oportunidad de éstas que rara vez se presentan le llevaba cerca de su sueño. Pasó muchas noches imaginando un final de camino feliz, ansiando poder ver algo que una sonrisa en su rostro dibujara. Pero al final del camino, no vio nada. Volvió triste sobre sus pasos, comprendiendo la dificultad de su propio anhelo. Casi al mismo tiempo, el otro camino se cerraba, súbitamente, sin avisar y sin dejar nada.
La oscuridad se cernía de nuevo sobre sus pensamientos, cerró los ojos, esta vez soñando con no volver a abrirlos jamás, para así por lo menos huir de ese mundo real en que todo es falso, todo es falso si se trata de un sentimiento…
Pero de nuevo los primeros rayos de sol de la mañana entraron en su habitación, despertándolo, alejándolo de nuevo de los más tristes sueños y de las más felices pesadillas; sí, incluso en los sueños, su vida era una constante paradoja.
Se sentía culpable de su propia desdicha, e incluso le causaba estupor lo que en realidad sentía. No lo podía negar… por uno de esos caminos, por el que había estado tan cerca de ver el final, deseaba, seguía deseando, poder andar, poder cobijarse en un recodo en el que poder descansar, y pensar… pensar que cada día se aproximaba una recompensa a tanto esfuerzo.
Él sabía que ella era un deseo tal vez inalcanzable por muchas cosas, pero no por no quererla. ¿Se puede querer con el corazón nada más? ¿Se puede amar sin que los ojos te hagan ver cómo es en realidad?
Ella, esa Dulcinea de tez morena. Él, ese Don Quijote soñador de blanca palidez. Esquiva y misteriosa, ardiente e impulsiva era ella por fuera, pero soñadora, sensible y sentimental en realidad por dentro. Jugaban a querer ser los dos algo que no eran, él jugaba a creer que no la quería, y ella jugaba a buscar el sol por la noche.
¿A dónde llevará tanto juego? ¿Cuál será la meta situada tras la última vuelta a un sueño? Nadie lo sabe. Pero él lo intuye.
Él intuye, sin rendirse aún, que algún día se romperá el frágil castillo de naipes de su ilusión, que de nuevo se encerrará en su caparazón, y que tal vez algún día se presente otra ocasión que no le haga pensar que todo es falso.
Y ella será un recuerdo escondido tras la niebla del olvido, para siempre, en lo más profundo de su interior. Tal vez algún día, cuando la recuerde, él sonría, agradecido, porque por lo menos ella hizo que volviera a escuchar a su corazón tras tanto tiempo, y quizá sea eso lo que prepare un camino, que no sea falso, hacia su felicidad.


>PeRiKo<
   
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13-05-2005, 19:33:25

Esto lo escribí mientras estaba por Cataluña en un anochecer que no tenía nada que hacer. Los que me vieron deambulando por el camping con una libreta en la mano y escribiendo de vez en cuando, debieron de alucinar.
Por cierto es un pequeño homenaje a Forrest Gump como muchos descubrirán rapidamente.

"La hoja sobrevuela el camping, no sabe quien es su padre, ni su madre y no le importa. No sabe que es aquello de allí abajo, que son esos seres, esos vehiculos, esas casas. No quiere saberlo.
La hoja no entiende de razas, de culturas o religiones, no sabe si aquel que escancia sidra junto a la bandera azul con algo amarillo en el centro, tiene algo que ver o conoce a los que al lado conducen un coche con matricula de Vitoria.
Claro que la hoja no sabe qué es una bandera, la sidra o dónde está Vitoria... y no le importa.
¿Por qué vuela? ¿quién la empuja? No se lo plantea, es así y ya está.
Mira a los humanos, tan atareados, corre hacia aquí, corre hacia allí, mira el reloj, llegas tarde, no llego a fin de mes, bajan las acciones, sube la vida....
....y el silencio....
La hoja sólo entiende el silencio.
Que bonito, aquellos dos hablando mientras hacen grandes aspavientos como si quisieran llegar a tocarse. Que bonito aquellos dos enamorados que se pasan los platos uno a otro jugando, casi como si quisieran golpearse en la cara uno a otro....
.... que bonito....
La hoja desearía ser un humano, si supiera que es un humano y pudiera desear.
Pero ¿qué importa? Poco importa si el asturiano y los vascos no se han dirigido la palabra, si aquellos dos se peleaban o si la pareja de enamorados se tiraban los trastos a la cabeza, porque para la hoja sólo importa el ahora. El momento de esplendor, del vuelo hacia la libertad, desde el árbol que la oprimió desde su nacimiento. No importa si el momento dura una hora, un día o una semana, lo disfruta porque es su momento y se acabará pronto y cuando lo haga, yacerá en el suelo, pudriendose poco a poco hasta que nadie recuerde que un día existió.
El ser humano seguirá ahí todavía, fustrado, sintiendose impotente ante el mundo que él mismo ha creado, con sus problemas, sus idas y venidas, ignorándose unos a otros. Pero todo esto la hoja no puede saberlo.
La hoja no tiene inteligencia..... pero no le hace falta... es feliz, aunque ni lo sabe ni le importa.


R.P.
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¡¡¡A PRIMERA!!! (por fin)
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José Martín
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14-05-2005, 10:32:06

Pronto escribiré aquí una paranoia que soñé una vez. Lo escribo para ver si así me obligo a hacerlo, puñetas, que tengo un vagoooooo.....
   
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