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pedro_mu84
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16-05-2005, 10:13:59

Sandra no es dificil, es ponerse, escribir con sentimiento... no sé... prueba a ver y quién sabe, lo mismo en un tiempo vemos un relato tuyo :quesi


>PeRiKo<
   
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José Martín
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16-05-2005, 17:07:23

Lo prometido es deuda

No ha mucho que soñé lo siguiente:

Ah, por cierto. No. Annette Benning no es mi fetiche erótico. Avisad@s sus quedais.

Et in Arcadio Ego
Y, de repente, en mitad de aquel silencio, Nuestro Señor se hizo carne y se metarmorfoseó en Annete Benning.

"Joder -pensó el perplejo y estupefacto protagonista de esta narración-. Seguro que esto lo cuento en la oficina y no me creen".

Unos instantes antes...

A lo lejos se podía ver la larga columna de penitentes que se dirigía hacia la iglesia, bajando en procesión por la nevada ladera de la colina. Era una eterna hilera de fieles que parecía no tener fin y brotar como una fuente de la cima nevada. El ruido de sus pisadas en la nieve quedaba amortiguado por los cánticos religiosos que elevaban al cielo, rodeados del humo que los incensiarios de los penitentes llevaban consigo. Y, en medio de aquella humanidad, se hallaba él, portando una cruz como si fuera el estandarte de una antigua legión romana.

El recinto de la iglesia era frío, tan helado como la nieva que cubría el exterior. Las velas arroajaban una amarillenta y fea luz sobre la trementa claridad del altar, y robaban reflejos de oro y púrpura del barroco pandemónium que diversos artistas mercenarios se habian afanado a acumular apresuradamente a lo largo de los incontables siglos precentes

De repente, la atmósfera mística se quebró como el cristal cuando un niño, impecablemente vestido para su primera comunión (con su corbatita, sus pantalones cortos en aquel calurosamente gélido dia invernal, sus gafas de sol que impedían ver sus ojos estrábicos y perversos) se subió de un salto al altar mayor y, cantando a plena potencia con su chirriante voz infantil "Just a gigoló", se puso a mover las caderas, mientras unos zapatos rojos con tacón de aguja aparecían por arte del diablo (como mínimo) en sus diminutos pies. Nadie pudo asegurar después como ni cuando, pero de repente un enorme collar de perlas, largo como un puente de la constitución, se enroscó alrededor de su cuello infantil, y así el niño comenzó a menearse y contorsionarse como si estuviera poseído por la fiebre del sábado noche. Su madre, por supuesto, pálida cual fantasma, contemplaba la escena con tremenda congoja, incapaz de decidirse entre estrellar su mano bien abierta en la cara de su retoño bailón o desmayarse para despertarse cuando todo hubiera pasado.

Las velas, mientras tanto, seguían iluminado, y yo podía ver como el juego de luces y sombras convertía la cara de San José en la de un peligroso serial killer. "Joder como está el patio" murmuró una vieja santiguandose. De repente, una tremenda mano con cinco dedos enormes cruzó el aire, y el niño bailón salió disparado hacia el suelo. La mano, la del cura, hizo la señal de la cruz, y los feligreses comenzaron a sentarse en su sitio. En fin, la vida seguía tranquila su curso inconsciente.

Yo, al comenzar al misa, aún seguía de pie, indeciso entre sentarme o irme, cuando, de repente, mi pié izquierdo resbaló al pisar la toca de una vieja homicida y, perdido el sentido del equilibrio ("Madre, que me la pego!!", pensé), el contacto con el suelo ("Joder, que me la voy a pegar bien gorda!!", me dije) y el sentido del ridiculo aullé:

-Ostia! Que me mato!

Y me caí, por supuesto.

El trompazo fue brutal, pues rompí con la cabeza dos de las tremendas lápidas que habían sido reutilizadas para dotar de firme la nave central. La gente, más furiosa por el destrozo lapidario que por el daño sufrido por mi pobre cabeza, se levantó con ciertas intenciones perversas y poco cristianas hacia mi. Yo, incomodo como un parróco en una reunión de abortistas, sangrando además, e incapaz de salir por piernas, vi como la humanidad reunida para la misa en aquel santo lugar se aproximaba a mí dispuesta a proporcionarme una intensiva lluvia de manporros. El cura, con ojos inflamados por la colera (quiero pensar que era la colera y no alguna substancia alucinógena), estaba preparado para darme la extremaución con la cruz enorme que llevaba en sus manos y que le daba un cierto aire de sota de bastos.

El niño bailón, recuperado el sentido, se encontró cara a cara con el culo del cura. Su dulce carita de cabroncete fue iluminada por un rayo que atrevesó la vidriera que retrataba a San Jorge matando al dragón. El niño se dijo que a falta de dragón, bueno son culos de curas, por lo que clavó su dentadura de leche (de mala leche, creo) en la eclesiasticas posaderas. Eso pareció confirmar a la gente en su creencia en que yo era un agente del demonio, por lo que comenzaron a arrearme con todas sus perversas fuerzas, por lo que recibí más palos que una estera.

"De esta no sales", me dije, mientras me intentaba ocultar debajo de uno de los bancos de la iglesia. De repente, los golpes cesaron cuando una cegadora luz iluminó la nave de la iglesia. El silencio fue brutal, tan brutal como los palos que yo había recibido, pues a mi lado se hallaba Nuestro Señor Jesuscrito que, severamente pero con dulzura miraba a sus violentos hijos. Sin mediar palabra, su mano etérea se posó en mi hombro y otro cegador resplandor y me sentí transportado...

a un WC público. A mi lado ya no se hallaba Jesus, sino Annete Benning en su gloriosa carne, apenas cubierta por aquellas blancas vestiduras que le iban enormes y que casi dejaba al descubierto una redonda parte de su anatomía. Mi cara debía ser un poema, pues no entendia nada. De repente, ella sonrió picaramente, me giñó un ojo y me dijo

-Menuda sorpresa, verdad?

-Ya te digo -le respondí-. Estás mucho mejor sin barba, pero que mucho mejor, donde vamos a parar, desde luego, hay que ver lo que mejora un afeitado...

Y Annette Benning se puso a reir.
   
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Rogelio_Pleba
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16-05-2005, 18:50:48

Tio, ¿tu sueñas esas cosas raras todos los días? o ¿te habías fumado algo raro antes de irte a la cama?


R.P.
www.webdealonso.tk

2005: Centenario del Sporting
2008: Centenario de El Molinón

¡¡¡A PRIMERA!!! (por fin)
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José Martín
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17-05-2005, 08:39:49

ni fumo siquiera, rogue, lo juro

pa mi que cené algo que me sentó mal
   
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17-05-2005, 15:20:32

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Empezado por Rogelio_Pleba
Yo siempre que voy de viaje llevo una libreta, por si se me pasa alguna idea por la cabeza.
jajaj eso sta bien, sabias k una de las herramientas basikas de una persona ambiciosa es un bloc de notas k tener a mano en todo momento? sta bien, xk suele pasar (o x lo menos a mi :verwenza ) k tienes una gran idea, y x no apuntarla luego no tacuerdas :nono y fastidia muxoo
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pedro_mu84
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17-05-2005, 16:57:23

Durante unos cuantos días me he ido currando un relato de 4 partes. Cada día iré poniendo una. Se van continuando.

El título del relato es "EL CAMINO A LA CIMA", a ver que os parece

Parte 1 – El día antes

El camino a la cima no siempre es una línea recta, es más, casi nunca es una línea recta y ni mucho menos sencilla de recorrer.

Tal vez lo primero para llegar a la cima es determinar qué significa eso realmente, fijar el objetivo que se persigue. De lo contrario, estaríamos dando vueltas a ciegas sin saber adonde ir
.”

Estas ideas irrumpen en mi cabeza antes de cada Gran Premio, más aún cuando mi responsabilidad ha ido creciendo casi sin darme cuenta, como un fantasma invisible que pareció llegar de repente: ese es el éxito.

Lejos queda ya el día de mi debut, con un coche más bien mediocre. La “cima” de la que hablaba antes se alcanzaba con el mero hecho de cruzar bajo la bandera a cuadros, un hecho simple y que se da por supuesto hoy, era toda una hazaña por aquel entonces.

Al día siguiente me hacía ilusión una simple referencia a mi esfuerzo en el resumen de la carrera que hacían los periódicos de mi país. La Fórmula 1 era tan sólo motivo de atención para media página del diario en cuestión, a veces ni eso.

Caminaba por mi pueblo tranquilo, saludando tan sólo a quienes me conocen fuera de las pistas, yendo al bar con los colegas a tomar unas cañas y echar unas risas.

En fin, sabía que, de crecer en este mundo, hoy esas cosas serían imposibles de hacer, y efectivamente, lo son. Son el precio a pagar por hacer algo que me gusta: pilotar en la F1 al máximo nivel.

No todo han sido pérdidas, también he ganado grandes amigos, he viajado alrededor del mundo, y, porqué no decirlo, una entrevista puede resultar algo divertido. Lo inquietante a veces es que, si hoy todo esto es muy fácil, porque tengo el campeonato a tiro, temo, que si algún día la suerte en el deporte me abandona, todo se desvanezca, porque lo que en realidad querían de mi no era lo que se quiere de un amigo o de un deportista, sino una foto fácil infestada de sponsors…

¿Y por qué todos estos pensamientos rondan mi cabeza ahora mismo? Muy sencillo y muy complicado a la vez: falta una carrera para el final del campeonato del mundo de Fórmula 1, y, de ganarla, conseguiría “eso” por lo que he luchado durante toda mi vida: ser campeón del mundo.

No ha sido fácil llegar hasta aquí en esta situación, todo es fruto de un trabajo muy duro que empezó allá por el mes de enero. Primero fueron horas y horas de tests buscando el porqué a ese zumbido, a esa vibración anormal o a cualquier pequeño detalle. Luego se fueron sucediendo las entrevistas y los actos publicitarios, agotadores e interminables, antes del comienzo de la temporada, para llegar a lo de que verdad me gusta: competir.

La potencia del coche, tus manos, tu mente, tus rivales, el equipo… todo influye en la competición. De nada sirve tener un gran coche si no tienes la concentración necesaria, si no piensas “hoy puedo hacerlo, hoy puedo ganar”, como tampoco sirve de nada tener la actitud y no tener entre tus manos una máquina ganadora, y menos aún en estos tiempos que corren.

Durante este año he tenido una concentración como nunca antes la había tenido. Muchas veces he sacado más de lo que daba el coche gracias a eso. He sido fuerte, estoy satisfecho… ¿pero de qué serviría todo si no lo consiguiera? La historia está llena de subcampeones frustrados, no por ellos mismos, sino por quienes a su alrededor les hunden por no haber tenido la suerte de cara en tan sólo un día de 365.

El miedo a perderlo todo es casi insignificante frente a la incertidumbre del lograrlo. Si ya consigo esto, ¿por qué seguir la temporada que viene metido en un coche jugándome el tipo? ¿qué me puede motivar a seguir?

Quizá en esto mi gran rival en la lucha por el título sepa más que yo, pues ya lleva unos cuantos. Quizá el tuviese las mismas dudas que yo tengo hoy el día antes de su primer campeonato. Quizá… Lo cierto es que mañana tengo que darlo todo por un sueño. Debo pensar: “hoy puedo hacerlo, hoy puedo ganar”.


>PeRiKo<
   
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pedro_mu84
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23-05-2005, 09:26:42

Parte 2

Amanece y casi ni he dormido, las ansias recorren mi cuerpo sin ver la hora de tomar la salida del Gran Premio. Sé que a pesar de la lejanía, un país entero se paralizará frente a las pantallas, incluso algunos pocos han venido hasta aquí para verme ganar. Suelen decir que esto genera presión, pero puede ser bueno si sé canalizarlo bien, como hasta ahora.

No es que una bandera, que no deja de ser un trozo de tela de colores, te haga ser más rápido, pero verla en tu apoyo a miles de kilómetros de tu tierra es algo bonito.

Son las 8, llego al circuito. Las mismas tribunas que dentro de unas horas vibrarán con la salida están vacías. Miro hacia ellas sintiendo un extraño hormigueo por dentro, bajo la mirada a la pista apoyado en el muro de boxes, veo las líneas que marcan las posiciones de la parrilla. Debo luchar mucho para poder salir desde la que encuadra un “1”, pues en la sesión de ayer no anduve excesivamente inspirado.

Fui el tercero, mi gran rival, el actual campeón, fue segundo. Al frente un gran piloto con un gran coche, al que a veces, más de las que se desearía, le acecha la mala suerte en forma de avería o falta de concentración. De todas formas la distancia es pequeña.

Son las 10, el ambiente es ahora mucho más ruidoso. Veo en la pantalla como un joven talento inadvertido para el gran público intenta llevar a buen puerto un coche inconducible, ayer era yo ese chaval, mañana puede ser él quien luche por el campeonato. Esa es la grandeza de este deporte.

En otros boxes la actividad es frenética, sus pilotos están marcando los registros definitivos para configurar las posiciones de salida. Hoy no me preocupa en exceso, como en Mónaco o Hungría, la posición de salida. El circuito que cierra esta temporada es nuevo, ancho, seguro y con varios puntos de adelantamiento. Es mucho más divertido salir quinto o sexto que desde la pole, pero como dijo mi jefe de equipo: “chico, hoy toca divertirse tras la carrera, no hagas locuras”. Conclusión: en cuantos menos líos me meta mejor, así que hay que intentar lograr la primera posición.

Repaso con mi ingeniero unos ajustes, veo que todo esté en orden. Calculo mentalmente mis posibilidades. “Me saca un punto, y lleva más victorias que yo, la opción es ganar… o ganar”.

A todo esto el tiempo empieza a pasar muy deprisa para detenerse de repente, convirtiéndose en un espejismo ralentizado. Es la vuelta rápida, en la que te juegas el todo por el todo. Es un minuto y poco más, pero para mi es eterno. Empieza la vuelta. No soy yo, soy yo y el coche, unidos por una extraña fuerza. Yo noto el asfalto por debajo de mi, noto rugir el motor del mismo modo que oigo los latidos de mi corazón, siento las curvas clavándose en mi cuello y el sudor apretando aún más, si cabe, la tensión del ambiente. Mis ojos se paran de forma efímera en puntos de referencia que se van sucediendo y mis pies van marcando el ritmo de esta máquina que no es más que una prolongación artificial y sobrenatural de mi cuerpo. Primer sector, algo me despierta, momentáneamente, me pone en contacto con lo terrenal, “P1, P1” De nuevo vuelvo a mi particular trance, quizá algo más tranquilo, pero sin bajar la guardia. El cronómetro no perdona cualquier relajación, por mínima que sea, pero el coche no tolera cualquier exceso, por insignificante que parezca. Me tengo que mover en una línea muy fina, casi invisible. Segundo sector, de nuevo una voz “Very good! P1 at sector two!”. Todo va a acabar, por ahora… no da tiempo a pensar, sólo a continuar con este esfuerzo un poco más, un poco más, ya casi está… recta de meta y la línea como una luz al final de un túnel. La cruzo, y esa voz que antes parecía tan lejana suena ahora reconocible: “Good job! You are in P1”

Vuelvo a boxes, el tiempo, con un coche configurado para la carrera, ha sido muy bueno, pase lo que pase con los dos pilotos que quedan, estoy satisfecho.

Me da tiempo justo a ver cómo mi gran rival por el título pasa por la línea de meta, sin poder batir mi tiempo. Luego el último piloto en salir, comete un error en la primera curva que lastra su tiempo. Una mano sobre mi hombro me despierta de estos pensamientos: “Buen trabajo, tienes la pole, no bajes la guardia”. Vuelvo sobre mí y veo con satisfacción al primero que se fijó en mí cuando yo no era más que un renacuajo que se batía en los karts. Él me dio la posibilidad de competir en un campeonato de monoplazas y yo correspondí tal confianza ganándolo. Así de simple. Sus consejos son siempre bien recibidos, pues aunque yo esté deportivamente en el lugar en que estoy, luchando por el título, sé que hay cosas que por muchos campeonatos que gane no las sabré hasta que vayan pasando los años.

Los minutos vuelven a pasar lentamente mientras llega la hora de batirse en duelo, por momentos no sé si contra el piloto que compite por el título o contra mi mismo, todo es cuestión de pensar que estas dudas se disiparán cuando arranque el coche.

(continuará...)


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Shakira
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23-05-2005, 13:30:03

edito: me e ekivocao d post, xdon :verwenza
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Alysh
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24-05-2005, 19:39:38

Ale hay va una historia muy pequeñita q escribi hace 2 o 3 años en clase(es una mierda )
En medio del maravilloso olor a gasolina,las enormes gradas y el peligroso circuíto,los privilegiados pilotos,posaban y atendían a la prensa.y yo,seguía allí sentada,en la seca hierba de la zona pelouse.Me levanté.Intentaba dirigirme a la zona de boxes.Un agobiado y muy malhumorado policía me detuvo.No pude hacer nada y me volví a mi sitio.Allí,mis amigos,contemplaban el enredado circuíto.El infinito mar hacía de telón de fondo.La esperada carrera iba a empezar...
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pedro_mu84
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25-05-2005, 10:32:28

Cita:
Empezado por Alysh_Love5
Ale hay va una historia muy pequeñita q escribi hace 2 o 3 años en clase(es una mierda )
En medio del maravilloso olor a gasolina,las enormes gradas y el peligroso circuíto,los privilegiados pilotos,posaban y atendían a la prensa.y yo,seguía allí sentada,en la seca hierba de la zona pelouse.Me levanté.Intentaba dirigirme a la zona de boxes.Un agobiado y muy malhumorado policía me detuvo.No pude hacer nada y me volví a mi sitio.Allí,mis amigos,contemplaban el enredado circuíto.El infinito mar hacía de telón de fondo.La esperada carrera iba a empezar...
No sé porqué será pero me ha recordado a "algo" tu historia, sólo que yo no intenté ir a la zona de boxes por no encontrarme con el policía. Es corta pero buena, tiene su punto :quesi :sisi


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25-05-2005, 10:34:23

Parte 3 – En un suspiro

Pocas cosas hay en la vida de un piloto más emocionantes que la salida de un Gran Premio. El ambiente en la grada, la desesperación de los medios por conseguir nuestras últimas declaraciones antes de subirnos a los coches, para luego condensarse todo ello en un único momento, una milésima de segundo que transcurre entre que el último semáforo en rojo brilla y el instante en que todos se apagan.

Cuando era un aficionado y escuchaba el ruido ensordecedor de veinte motores en marcha preparándose para el instante clave de la salida me preguntaba si el piloto sentiría de igual manera el ruido, allí metido en el cockpit.

Hoy sé que oigo más las pulsaciones aceleradas de mi corazón que las casi veinte mil revoluciones que llevo a la espalda.

El día de hoy es especial. La enorme grada principal de este circuito de nueva construcción aparece ante mí, ante todos, como un mastodonte gigantesco que casi nos hace insignificantes. En ella, banderas rojas con el cavallino rampante de la histórica escudería Ferrari, o con un rombo plateado sobre fondo amarillo representando a Renault, también, como no, banderas plateadas en apoyo de las “tropas” del genial Ron Dennis, banderas de países diversos… Es un baile de colorido comparable al de los coches. Es un instante fugaz ese en el que miro a la grada mientras me coloco en la parrilla, pero es bonito, porque me hace sentir como un espectador de los propios espectadores. Por ellos estamos aquí, sin ellos, las escuderías podrían tener todo el dinero del mundo, pero no habría deporte, así de sencillo.

Llega el momento. Los semáforos se van encendiendo uno a uno. Al mismo ritmo se acelera mi pulsación. Al llegar al último respiro hondo, siempre, como si de una superstición extraña se tratara. Y expiro el aire de mis pulmones con el coche enrabietado cogiendo velocidad. A veces se debe abrir camino entre otros coches, hoy no, hoy debo impedir que otros se abran camino a costa mía. Por delante sólo veo asfalto, es curioso, pero la pole causa siempre esa sensación de soledad que sólo se disipa observando fugazmente el retrovisor.

Mi coche ha respondido bien. Genial. En la primera curva compruebo como incluso he ganado unos metros. Por mi cuerpo corre una leve sensación de alivio, leve, porque desde la primera vuelta hasta la última hay que mantener la concentración.

Es muy fácil sentarse a escribir sobre lo que siento en el cockpit durante una carrera, pero harto difícil de enterarse allí dentro. Ahora voy primero, aunque parezca increíble, desde dentro de este coche en el que voy casi acostado y encerrado, siento el furor de los espectadores, que me empuja desde dentro hacia delante. Paso por la línea de meta una vez, dos veces, tres… voy mirando la pizarra del equipo, ¡una cosa difícil a más de 300 km/h!

Cuando se lleva una veintena de vueltas toca entrar en boxes. El ritmo es frenético a mi lado, con el coche parado entre mis mecánicos. En esos momentos siempre me acuerdo de mi tío arreglándome el neumático del kart tras un pinchazo: sacando la cubierta, buscando la rotura en un barreño de agua sucia, tapándola con un parche que traía en el bolsillo y colocando de nuevo las cosas en su sitio.

Entro de nuevo en pista en P3, por detrás de mi rival por el título y de mi compañero de equipo. Ninguno de los dos ha parado, y según las previsiones, les adelantaré cuando lo hagan. Van pasando las vueltas y el ritmo comienza a estabilizarse. Es inevitable, es como cuando haces un viaje largo al volante: cuando llevas recorrido lo mismo que te queda por recorrer te relajas. Pero un piloto de F1 no puede permitirse un fallo en ese instante. Y menos aún cuando se está jugando el título mundial. Lo que suelo hacer contra eso es algo muy simple. Como sé que no debo forzar la mecánica, intento hacer el mismo tiempo que en la vuelta anterior.

De repente, algo me sobresalta, algo no va bien. No sé qué puede ser. Por la radio del equipo me piden que ralentice un poco. No puede ser, ahora no… ahora no… Cuatro segundos más lento de lo normal. Después seis… Lo que humedece mi cara ya no sé si es el sudor o una lágrima cuando dejo de oír al motor tras de mi. Todo da igual… se acabó, todo se fue en un suspiro. Hundido, dejo el coche lejos de la pista en una escapatoria. Me quedo en él un instante “¿Por qué me fallas ahora?”, “¿Qué te hice yo?” Después me bajo de él, aturdido, deseando poder despertar y comprobar que todo ha sido una pesadilla… pero no, es todo real. Estaba cerca, tan cerca de la cima… pero el motor dijo basta. En el equipo me piden disculpas, pero yo les corto de raíz dándoles las gracias por darme un coche con el que poder luchar, porque fracasado no es quien fracasa, sino el que no lo intenta. Saludo a mis mecánicos uno a uno, a mis ingenieros, a todos les estoy muy agradecido. A algunos no los veré hasta dentro de unos meses. Ahora sólo quiero volver a casa.


>PeRiKo<
   
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