Este es un relato de la victoria mas emotiva de mi piloto favorito, el ya desaparecido Dale Earnhardt. Es un estracto del libro
"Lo mejor de NASCAR en ESPN: 100 Momentos Definitorios en la Historia de las Carreras de Autos de Calle" de Ryan McGee.
Quería ponerlo ayer ya que se cumplían 10 años de esa victoria, pero por falta de tiempo no pude.
Tambien pongo unos videos que complementan el relato y un enlace con NASCAR.com donde tambien se acuerdan de aquella victoria:
http://es.youtube.com/watch?v=Ckj3e10Ktik
http://es.youtube.com/watch?v=xk4tUtQ24vc
http://es.youtube.com/watch?v=ZyyIrpOogI8
http://www.nascar.com/2008/espanol/0...ria/index.html
"¿Les importa si doy una vuelta por el pasto que tienen ustedes aquí?"
La voz que sonaba desde la radio hacia la casilla de control de carreras de NASCAR que dominaba desde una torre a la Pista Internacional de Daytona era, inequívocamente, la de Dale Earnhardt. El mismo Dale Earnhardt que recientemente había ganado la Daytona 500, o mejor dicho... que
finalmente había ganado la Daytona 500.Durante dos décadas, la mayor estrella del automovilismo había fallado miserablemente al intentar ganar la mayor carrera de NASCAR. Había perdido por quedarse sin gasolina, por ser superado en la última vuelta, por mala estrategia en los boxes, por no poder mantener el paso, o simplemente porque era superado con claridad.
Su racha perdedora de 19 carreras había comenzado con un sorprendente debut en el octavo lugar el 18 de febrero de 1979. Había arribado a la playa luciendo como si hubiese estado durmiendo debajo de la platea, junto con un grupo de desarrapados mecánicos de caras sucias armado por el dueño de autos de la Costa Oeste, Rod Osterlund. Su jefe de equipo, Doug Richert, todavía era un adolescente, y su Buick con el número 2 era uno de solamente nueve de los 41 autos que entraron en la carrera sin un auspiciante en la capota.
Mientras que los famosos finales peleados tomaban lugar entre las súper estrellas del automovilismo, Earnhardt, corredor de pista corta con 28 años de edad, comenzó tranquilamente en el décimo lugar y terminó octavo.
"Nunca corrí tan fuerte en mi vida como lo hice ese día", recordaría Earnhardt casi dos décadas más tarde. "Quería con muchas ganas que esos tipos creyesen que yo podía estar ahí con ellos".
Más tarde en esa temporada, Dale se ganó su lugar al anotarse su primera victoria, alzándose con el premio de Novato del Año. Ganarse su lugar en Daytona sería un paso mucho más difícil.
Terminó cuarto en 1980, quinto en '81, pero terminó las siguientes dos 500 tempranamente, con motores rotos. En el '84 terminó segundo detrás de Cale Yarborough. En el '86, su octavo intento, se quedó sin nada al errar su estrategia de combustible y abandonó indefenso en los boxes. Su eventual archienemigo Geoff Bodine se alzó con la victoria.
De ahí en más, el mismo patrón enloquecedor comenzó a repetirse todos los meses de febrero, como una suerte de cruel versión automovilística de la película "Atrapado en el tiempo". Earnhardt ganaba todo lo que Speedweeks tenía para ofrecer: el evento estelar Busch Clash, las carreras de las Busch Series, las clasificaciones de la Twin 125, y hasta la carrera IROC, quedándose corto solamente en el escenario mayor.
"Cuanto más tiempo pasaba sin que lo gane, más hablaba la gente sobre algún tipo de maleficio", dijo Kirk Shelmerdine, jefe de equipo de Earnhardt para Richard Childress Racing desde '84 a '92. "Nosotros éramos el equipo más exitosos de tipos cargando con un maleficio en toda la historia. Ganamos todo lo que había para ganar durante diez años. Bueno, casi todo".
En total, las primeras 19 Speedweeks de Earnhardt produjeron una impresionante cantidad de 27 victorias, pero todavía se encontraba bateando .000 en la Gran Carrera americana. En la 500, había acumulado 14 llegadas entre los 10 mejores, 10 de las cuales fueron entre los mejores 5. Las más dolorosas fueron las cuatro carreras en que terminó segundo, incluyendo tres en cuatro años entre el '93 y el '96.
La primera de esas segundas plazas llegó a manos del nuevo equipo Joe Gibbs Racing y su muy poco conocido corredor de segunda categoría, Dale Jarrett. En el '95, Earnhardt no fue capaz de alcanzar a otro piloto de poca monta que de repente se hizo imposible de detener, Sterling Marlin. Y un año más tarde, nuevamente terminó segundo detrás de Jarrett, quien estaba detrás del volante de un auto producido por otro equipo nuevo, el número 88 de Robert Yates Racing.
"¡Todavía no he ganado el Daytona 500!", anunció a los medios reunidos al final de la carrera en el '95, riendo para enmascarar su dolor. "¡Y tampoco me estoy yendo a Disney World!"
Cuando el Intimidador llegó al "Centro Mundial de las Carreras" por vigésima vez, fue la primera vez en años en que no llegaba al lugar como el favorito prohibitivo para alzarse con el Trofeo Harley J. Earl.
Un año antes, había jugado al "juego del pollo" con Jeff Gordon, rodando en la tercer curva y perdiendo de mala manera, con el auto dado vueltas y girando indefenso por la pista. Aunque su decisión de negarse a usar la ambulancia y manejar su auto destruido nuevamente hacia los boxes ha sido uno de sus mejores momentos de Hombre de Negro, la imagen del golpeado Chevy con el número 3 también se transformó en el símbolo de la mayor sequía de victorias en su carrera en la Copa. Después de ganar dos de sus primeras cuatro carreras en 1996, no había ganado desde entonces, una racha de 0-59.
"Dale había sido lastimado, y nosotros estábamos pasando por algunos cambios en RCR, algunas cosas relacionadas con el crecimiento", recuerda Childress. "De hecho, Dale vino a verme en medio de todo y me sugirió que comenzara a buscar a otro piloto. Pensó que nos estaba retrasando. Yo le dije que deje de hablar así. Le dije que era mi piloto y que trabajaríamos hasta superar todo esto del mismo modo en que siempre lo habíamos hecho cuando los tiempos eran difíciles. Simplemente me miró a los ojos ese invierno y me dijo "¿Sabes qué? Voy a ganar el Daytona 500, sólo observa".
El 15 de febrero de 1998, Childress estaba observando, como siempre lo hace, mientras caminaba nerviosamente entre los boxes y la zona del garage. Una vez más, Earnhardt había ganado su clasificador 125 el jueves (su novena victoria seguida) y largaría en cuarto lugar. A mediados de la carrera estaba haciendo un papel terrible, atropellando hacia la punta y rehusándose a dejar que nadie más pudiese espiar.
Nuevamente su mayor amenaza fue Gordon, pero el campeón defensor estuvo agobiado por problemas en los boxes y cada vez más lejos de los primeros puestos a medida que la bandera a cuadros se acercaba.
Mientras las vueltas se iban, Childress y el todavía nuevo jefe de equipo Larry McReynolds no decían nada por la radio, porque ambos veían su nerviosismo crecer mientras Bobby Labonte, Jeremy Mayfield, y dos viejos enemigos como Rusty Wallace y Kenny Schrader ofrecían un desafío detrás de otro.
Mientras el controlador se conectaba ocasionalmente para decir "faltan 5, Dale, faltan 4, 3 más y termina, amigo" en la pista se imponía un espeluznante silencio. La platea principal de Daytona siempre había sido abiertamente pro-Intimidador, y ahora los fanáticos se paraban a esperar que sucediera lo peor. Otro choque. Otra goma cortada. Caramba, quizás un meteorito estrellándose y haciendo un agujero en la Curva 3. Lo que sea. Lo que sucedió fue un trompo en la recta faltando dos vueltas, muy por detrás de Earnhardt y Labonte.
Las luces de peligro se encendieron, pero en esos días en los que el amarillo todavía no congelaba la pista, había una loca carrera de nuevo hasta la línea de largada. Earnhardt hechó un vistazo por su espejo retrovisor, y luego miró hacia delante para ver el auto de Rick Mast.
"Los ví venir", dijo Mast. "Y juro que intenté salirme del medio, pero hasta el día de hoy la gente me acusa de acomodar todo para Dale. Caramba, estoy feliz de estar en la foto del final de la carrera".
Earnhardt pasó la bandera amarilla y la Blanca simultáneamente y mantuvo el motor abierto casi todo el trayecto del giro para recibir la bandera a cuadros.
"Quería dar la vuelta tan pronto como pudiera", recordaría con una sonrisa un año más tarde. "Ya sabes, en caso de que algo sucediera".
El giro de la victoria que siguió fue seguido por saludos de rivales, felicitaciones ahogadas en lágrimas por parte de McReynolds y Childress por la radio, y una línea de manos de 42 equipos se armó para darle palmadas durante todo su paseo por la ruta de boxes. Cuando llegó al final de la línea de los felicitadores, el campeón le mandó un mensaje por radio a la torre.
"Les importa si doy una vuelta por el pasto que tienen ustedes aquí?"
El problema fue que el pedido apenas pudo ser oído por encima de los gritos de felicidad de los oficiales en la casilla de control. Esos hombres que deberían ser imparciales, emocionalmente desconectados de lo que sucediera allí abajo en la pista. Pero ahí, al final de la primer carrera de la temporada del aniversario 50 de NASCAR, estaba bien sentirse feliz. Estaba bien exhalar finalmente. Y sí, estaba bien arruinar un poco el pasto.
"¡Claro que sí!"
"Gracias".