En 2006 tendrá lugar la 93ª edición de la más prestigiosa carrera por etapas del mundo
El próximo sábado día 1 de Julio marca el comienzo, en Estrasburgo, de una nueva edición del Tour. Un prólogo contrarreloj habitual, etapa cortita donde los primeros "segundos" de diferencia entre unos y otros empezarán a marcarse. 21 equipos de 9 corredores cada uno hasta contabilizar un total de 189 corredores. Por delante, 3639 km repartidos en 21 etapas y un objetivo claro: suceder a Lance Armtrong en Paris.
Breve historia del Tour
Henri Desgrange, director de l'Auto, crea el Tour en 1903, estos son sus primeros años
El comienzo de los Tours de hoy en día, multicolor, con corredores de múltiples nacionalidades, televisado para todo el mundo, poco o nada tiene que ver con el que tuvo lugar en aquel verano de 1903 frente al Cafe Au Reveil Matin, situado a las afueras de Paris. Los 60 corredores partían en la 1ª etapa de la historia para llegar a Lyon ¡más de 400 km de distancia! y por carreteras muy lejos de estar asfaltadas.
El primer Tour lo ganó un francés de origen italiano, Maurice Garin. En aquellos tiempos, en que las etapas discurrían en gran parte, de noche, eran frecuentes las "trampas", los tumultos y los escándalos, pues muchos aprovechaban la debilidad de la organización para acceder a los suculentos premios económicos que se reservaban a los vencedores.
Trampas que consistían en tomar trenes para acercarse a las ciudades siguientes en el recorrido, en variar la ruta para atajar... tumultos protagonizados sobre todo por los lugareños en contra de los rivales de sus "héroes locales"...
Todo esto llegó a su máxima expresión en 1904, la 2ª edición del Tour, que de nuevo ganó Garin, pero fue desposeído de su triunfo cuatro meses más tarde por descubrirse algunas tretas propias de la época. También fueron descalificados el 2º, el 3º y el 4º en la General. Así las cosas, el 5º clasificado era un desconocido Henri Cornet, el más joven vencedor de la historia con apenas 20 años.
Desde 1905 a 1912 se estableció un sistema de puntos. En aquellos años, el Tour ganó en popularidad, la organización se hizo más sólida, las trampas y los tumultos disminuían y el espectáculo y la grandeza comenzaban a hacer acto de presencia.
Eran los años de los Trousselier, Pothier, Dortignacq, Faber, Lapize, aunque un nombre destacaría: el de Lucien Petit-Breton, primer bicampeón, en los años 1907 y 1908.
Además, la montaña empezaba a tener presencia en los recorridos. En 1905 se escala el Ballon d'Alsace. En 1910 tiene lugar la primera etapa puramente montañosa, con el Aubisque y el Tourmalet como protagonistas ¡y con rampas de caminos de tierra!
Gustave Garrigou se impuso en 1910, Odile Defraye en 1911, para dar paso a otro gran nombre de la época y de la historia: el belga Philippe Thys, vencedor en 1913 y 1914, además de en 1920, logrando ser el primer tricampeón. Podrían haber sido más de no ser por la I Guerra Mundial, que interrumpió la prueba entre 1915 y 1918.
Periodo de Entreguerras: franceses, belgas, italianos y... españoles
Tras la I GM continuó el dominio belga sobre la ronda francesa, Thys, Lambot, Scieur fueron los ciclistas de dicha nacionalidad que lograron el amarillo en Paris, color que distinguía al líder desde 1919, siendo el francés Eugène Christophe el primero en vestirlo.
Henri Pelissier lo logró para Francia en 1923. Un pequeño italiano, Ottavio Bottecchia, sorprendería a franceses y belgas en 1924, un gran escalador que logró revalidar su triunfo en 1925. Lucien Buysse fue otro belga triunfador en 1926, el Tour más largo de la historia con 5745 km.
En 1927 y 1928 los laureles fueron para un luxemburgués, Nicolas Frantz, que había aprendido a montar en bicicleta a los 20 años. Para la historia quedará la anécdota de Frantz terminando una etapa clave en bici de chica por haber roto la suya. Los tiempos en que el equipo te da otra sin apenas detenerse quedaban todavía muy lejos.
Los inicios de los años 30 nos dejarían varios vencedores, destacando los bicampeones franceses Antonin Magne y André Leducq. En 1933 se instauró el maillot de lunares rojos, el Gran Premio de la Montaña. Y fue un español, Vicente Trueba, quien lo consiguió por vez primera. Julián Berrendero, en la edición de 1936, logró el 2º maillot de la montaña final para España, inmersa ya en la Guerra Civil, que entre otras muchas cosas cortaría una gran generación de ciclistas españoles que -quién sabe- podrían haber dado más alegrías. De todos modos jamás lo habríamos podido saber, en aquellos tiempos, el nazismo y el fascismo sumirían a Europa y al mundo en la II Guerra Mundial, que lógicamente paró el Tour hasta 1947. Ciclistas como el genial Gino Bartali, los hermanos Sylvere y Romain Maes o el propio Berrendero no pudieron aumentar su palmarés.
Postguerra y años 50 y 60: de Robic a Anquetil
Gino Bartali sí lo logró, en 1948, diez años después de su primer triunfo, se coronó campeón en Paris. El gran campeón italiano ponía un broche de oro, ahora era el triunfador para una Italia sin Mussolini, todo un sueño para un hombre como él, opositor del fascio italiano. Su compañero de equipo (los equipos entonces eran "selecciones nacionales") y rival encarnizado, Fausto Coppi, escalador fabuloso, se impondría en 1949 y 1952, año del primer podio español en Paris, con el tercer puesto de Bernardo Ruiz, ciclista natural de Orihuela (Alicante) al que hace pocos años aún se podía ver como un anciano en chandal y maillot haciendo bici de forma realmente admirable por las carreteras de esta zona. Los suizos Koblet y Kubler en 1950 y 1951, respectivamente.
Eran años grandes para el ciclismo, pero no para los ciclistas franceses. Un humilde bretón, panadero de profesión, Louison Bobet, se encargaría de hacer trizas el mal momento del ciclismo galo. Bobet, según muchos el primer "estratega" del Tour, impuso una forma de entender el ciclismo novedosa y con un nivel excepcional en las cronos y sin desfallecer en las cumbres, lograría imponerse en los Tours de 1953, 1954 y 1955, igualando los 3 de Philippe Thys.
En 1956 tuvo lugar la edición más surrealista del Tour. Roger Walkowiak, un ciclista prácticamente amateur, se proclamó vencedor, sin ganar una sola etapa.
En 1957 sin embargo sí que tuvo honores un ciclista hoy conocido por todos: Jacques Anquetil. En 1958 Charly Gaul triunfó en la primera gran oportunidad de hacerlo de nuestro águila de Toledo, Federico Martín Bahamontes. El castellano lo consiguió en 1959. Basándose en un dominio total y absoluto de su terreno favorito, la montaña, Federico fue el primer español que nos descubrió las mieles del amarillo, hace hoy 47 años.
Una victoria en 1960 de Nencini dejaría paso al periodo triunfal de Anquetil desde 1961 a 1964, años en que su rivalidad con Raymond Poulidor, el eterno segundo, alcanzó niveles pasionales en Francia.
Jacques Anquetil, ciclista rubio, de mirada fija, era un maestro estratega, sabía ver un paso por delante de los otros y aquello le convirtió en el primer quíntuple campeón de la historia.
Tras Anquetil, Gimondi, Aimar, Pingeon y Janssen tomaron el relevo, dejando a Poulidor sin mieles de triunfo antes de la llegada del siguiente gran campeón.
Eddy Merckx: episodio aparte
Para muchos fue y sigue siendo el mejor ciclista de todos los tiempos, apodado 'El Caníbal', se impuso en el Tour de su debut en 1969 y repitiría en 1970, 1971, 1972 y 1974. Merckx empezaba su temporada ciclista con las clásicas de finales de invierno y principios de primavera, como no, arrasando en la mayoría de ellas, tenía tiempo de machacar en el Tour, disputando todo: metas volantes, etapas llanas, contrarrelojes, montaña... y por supuesto, la general final. Vistió nada más y nada menos que 96 días de amarillo. En 1973 paró para ganar Giro y Vuelta... y lo hizo. Año que aprovechó el único ciclista que fue capaz de hacer sudar al belga en toda su era triunfal: el español Luis Ocaña. Ocaña en justicia habría ganado el Tour de 1971, tenía KO al mismísimo Merckx en la etapa reina de los Pirineos, con el aura de gloria que sólo da el maillot amarillo. Luis lideraba y quería rematar el Tour en las rampas más míticas de los Pirineos. Sin embargo, una grave caída en un descenso le dejaría en la cuneta, abandono y gran decepción. Al día siguiente, Eddy Merckx, nuevo líder, no se enfundó el maillot amarillo como muestra de respeto a Ocaña.
Breve transición hacia el dominio de "El Tejón"
Thévenet y Van Impe lograron imponerse entre los años 1975 y 1977. Poco tiempo tuvieron para lograr más laureles el resto de corredores pues en 1978 hizo su aparición el siguiente gran dominador de la prueba: el francés Bernard Hinault. Hinault, que aún hoy sigue vinculado directamente con el Tour, era un grandísimo contrarrelojista, que se impuso a grandes rivales a la vez que se sobrepuso a derrotas como la de 1980 a manos de Joop Zoetemelk o las sonadas de 1983 y 1984 a manos de un joven rubio con gafas, Laurent Fignon. Bernard ganó en 1978, 1979, 1981, 1982 y 1985. En 1986 cedió ante su compañero y amigo Greg Lemond el testigo de campeón del Tour. Algo más que simbólico como se vería en años venideros.
Lemond es el líder de una gran generación
Greg Lemond sería el siguiente en la lista de grandes dominadores de la prueba gala. Vencedor en 1986 de manera brillante, todo parecía indicar que repitiría en 1987. Sin embargo, un desgraciado accidente de caza ese invierno casi acaba con su vida y parecía que con su carrera... quizá con la de cualquier otro, pero no con la de un luchador como Greg. Regresaría en 1989 con hambre de triunfo. Se impuso por 8 segundos en la General a un decepcionado Fignon en las calles de Paris con una bici de triatleta, que aseguraba una mejor aerodinámica en la corta crono. En 1990 remontó a Chiappucci, el italiano, que se había beneficiado de una "escapada bidón" en las primeras etapas.
Años antes, Stephen Roche en 1987 y por fin, Pedro Delgado en 1988, lograron entrar en la lista de vencedores en Paris.
Miguel Induráin: la caballerosidad del mejor
Ya venía avisando de su talento un joven navarro de Villava (Navarra), a la sombra de Perico Delgado. Vencedor de etapas en montaña en 1989 y 1990, para muchos 1991 sería su explosión... y acertaron. No brillaría en la primera semana, cediendo el protagonismo a Lemond, pero en la primera crono llana, como sería habitual durante un lustro, asestó el primer golpe. La estocada llegaría en la etapa de Jaca a Val-Louron, donde él y Chiappucci sentenciaron a Bugno y Lemond camino del primer amarillo del navarro. Primer Tour de Induráin.
En 1992, en plena efervescencia deportiva en nuestro país, no en vano, el día 25 de Julio comenzarían los Juegos Olímpicos de Barcelona, Induráin se colgó la "primera medalla de oro" al conseguir su segundo con una autoridad pasmosa. Cimentado en la histórica "contrarreloj de Luxemburgo".
En 1993 cambian los rivales, ya no están en la lucha Chiappucci ni Bugno, pero sí Rominger, ganador de la Vuelta. El suizo no puede con el español y sucumbe en las cronos. En la montaña no logró despegarse del gran hombre de amarillo.
En 1994 Induráin fragua su triunfo en la contrarreloj de Bergerac, con la bicicleta "espada", luego, sellaría el triunfo en la histórica etapa de Luz Ardiden. Rominger abandonaría días después con molestias físicas.
En 1995 Miguel no esperó siquiera a la primera crono. Camino de Lieja en una de las etapas llanas, se permitió el lujo de atacar e irse con Johan Bruyneel y asestar un golpe más de autoridad que de tiempos. Al día siguiente confirmaría su quinto en la crono entre Huy y Seraing. Después tendría que controlar a Zülle en La Plagne y a Jalabert camino de Mende para asegurar. Quinto Tour consecutivo, algo inédito hasta entonces.
Induráin era el mejor de su época, pero además un caballero, a quien no importaba ceder éxitos parciales a sus rivales y compañeros pues sabía que la mayor gloria la iba a recibir al llegar de amarillo a los Campos Elíseos. En esto el navarro quizá haya sido único.
Hacia la era Armstrong
Induráin cayó en Chambery Les Arcs en 1996. Ese día no pudo seguir el ritmo de Leblanc, Berzin, Riis... todo un país se emocionó con el ocaso de su más grande campeón de este deporte. El danés Riis cogió el testigo por un año. En 1997 triunfó de manera aplastante el llamado a suceder a Induráin como pluricampeón: un joven alemán de físico portentoso, Jan Ullrich. Pero Ullrich descuidó su forma en el invierno siguiente. En 1998 el Tour se ve sacudido por el escándalo del doping del equipo Festina, el nº 1 del mundo de aquella época. Ullrich empieza dominando pero Marco Pantani se salta el guión. Al estilo de Bartali, Marco atacaría en cada ascensión para hacer sucumbir al alemán. Era el romanticismo de un escalador que parecía de otra época contra el potente Telekom y toda la estrategia al servicio de Ullrich, y triunfó el corazón de Pantani. Una gran noticia para un Tour marcado por el escándalo del dopaje.
Siete años de dominio firme: un ejemplo de superación
"Lance Armstrong, tiene usted un 10 % de posibilidades de sobrevivir"... Si cualquiera de nosotros oyésemos a un médico decirnos esa frase, tal vez sería ella misma la que nos mataría, pero para Lance, un ciclista con una gran proyección, que ya había mostrado dotes de calidad antes de su enfermedad, era un desafío más. Lo superó. Ganó al cáncer y en 1999 estaba de nuevo en la salida de un Tour, dispuesto a mostrar que no estaba acabado.
Y no lo estaba. Desde 1999 a 2005 el Tour ha tenido emoción hasta la primera etapa de montaña. En ella, Lance Armstrong dejaba KO a cada uno de sus rivales en unas impresionantes escaladas que son ya parte de la historia de la Grande Boucle.
La inoperancia táctica de sus rivales, unida al poderío de su equipo, primero US Postal, luego Discovery Channel, harían que Armstrong arrasara en siete Tours consecutivos. Sólo dos españoles prometedores saltaron el guión de esa primera etapa montañosa: en 2003, Ibán Mayo logró el triunfo en Alpe d'Huez, si bien Lance logró un minuto de diferencia clave sobre Ullrich -ese año el alemán estuvo más cerca que nunca-; en 2005 sería el murciano Alejandro Valverde quien mostraría el poderío de la generación que se avecina, al vencerle en la misma meta.
Valverde, Basso, Cunego, y algún tapado...
Y Jan Ullrich... que nueve años después de su entorchado sabe que 2006 es prácticamente su última oportunidad. Ivan Basso viene de ganar el Giro y debería tomar un papel protagonista en el Tour que lave su imagen de ciclista conformista de los últimos años. Alejandro Valverde es la gran baza española aunque quizá peque en la crono. Igual que Cunego... la retirada de Armstrong deja un panorama incierto y por primera vez en muchos años, emocionante, abierto, de cara al inicio de la 93ª edición del Tour. Que la disfrutemos
