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Gilles Villeneuve
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luca
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Gilles Villeneuve - 08-05-2006, 14:19:06

Hoy se cumplen 24 años de la muerte del que considero el mayor "volantista", el piloto mas espectacular de la historia de la F-1. A continuacion dejo un articulo que aparece en el libro 'La Década Mágica' de Paco Costas

Quien ama el peligro, perecerá en él

Sobre Gilles Villeneuve, sobre su valor y la emoción contagiosa que imprimía a las carreras, ya hemos hecho algunos comentarios en distintos pasajes del libro. Y fue probablemente ese valor, en ocasiones ciego, el que causó su muerte en 1982. Pero aún no habiendo sabido rentabilizar ese valor en forma de resultados, quizás por la falta de control de sí mismo, lo que nadie podrá jamas negarle, es que su forma de luchar en la pista bajo cualquier circunstancia le hacen acreedor a la leyenda que le convirtió en un mito.

Javier del Arco, uno de los periodistas con más experiencia en la Fórmula 1 y editor de un magnifico libro- resumen anual, bajo el título Libro del Año, en el correspondiente a 1982, al referirse a la muerte del piloto canadiense, utiliza la frase que encabeza este párrafo, en mi opinión de forma, muy acertada: "Quien ama el peligro, perecerá en él." Y continúa: "Bajo tal punto de vista, la muerte de Gilles Villeneuve en Zolder no debiera habernos sorprendido. Gilles no era simplemente un piloto de carreras y, en consecuencia, un profesional del riesgo. Era, sin duda, el piloto que asumía mayores riesgos. Y, por lo tanto, el que con mayor probabilidad se veía expuesto a un accidente."

Y fue quizás su previsible final trágico, el que en mayor medida contribuyó a provocar la pasión en muchos de sus incondicionales admiradores. Una prueba más de lo que Villeneuve logró transmitir a quienes le siguieron, quedó perfectamente reflejada en una sentida crónica, escrita por el periodista español Francesc Roses en el mismo anuario, bajo el título, Mis Recuerdos de un Piloto Extraordinario.

"Villeneuve fue un piloto distinto. Un extraterrestre en el mundo de la Fórmula 1 actual. No era demasiado exigente con la puesta a punto de su monoplaza; o con los neumáticos. "Pasaba" de reglajes a la milésima y de estudios aerodinámicos con computadora. Si su coche podía tenerse más o menos sobre la pista, no hacía falta más. Él ponía el resto. ¡Y de qué forma! Nadie podrá olvidar sus sensacionales salidas, donde demostraba que no hacía falta estar en la "pole position" para llegar a ir delante. O la mayor parte de sus carreras cargadas de combatividad, fuerza o creatividad. Aquel Gran Premio de Holanda con tres ruedas, su victoria del Jarama en 1981, sus remontadas… Personalmente, la actuación de Gilles que recuerdo con mayor emoción es el Gran Premio de Canadá de 1981. Fue sobre mojado y debido a varios golpes con otros participantes, el morro de su Ferrari había quedado totalmente destrozado, hasta tal punto, que Gilles tenía que sacar la cabeza por un lado para poder ver lo que tenía delante, pues el alerón -lo que quedaba de él- le impedían la visión. El público vibraba; todos vibrábamos. Finalmente, el morro se desprendió. Y ante nuestros ojos, con la pista totalmente inundada y a más de 180 km/h, el Ferrari número 27 empezó a cruzarse. Y, entonces, Gilles procedió a controlar de forma asombrosa una situación que nadie más hubiese podido remediar… o a la que, simplemente, ningún otro se hubiese atrevido a llegar.

Yo casi diría que Villeneuve marcaba la Fórmula 1 porque era prácticamente el único que emocionaba y hacía estremecer al espectador en un momento proclive a la frialdad. Era el ídolo, justificada y merecidamente, sin parangón alguno con los demás pilotos de su generación. No corría para proclamarse campeón mundial o para demostrar algo; lo hacía simplemente, porque disfrutaba corriendo, sin presunción, entregándose al cien por cien. Jamás tuvo problemas con sus compañeros de equipo. Ni siquiera cuando Carlos Reutemann -piloto polémico por excelencia- corrió con él para Ferrari, lo que ya de por sí es un dato muy significativo. En cierta manera, resultaba paradójico que un piloto tan temperamental en la pista fuera tan honesto y tan honrado. Durante las últimas temporadas, la Fórmula 1 ha conocido varios casos de pilotos que se han negado a sacrificar un resultado o una posibilidad por el bien del equipo. Es un tema, ¿por qué negarlo?, que merece ser bien analizado y debatido, pero a mí me gustaría recordar aquí las experiencias al respecto vividas por ese piloto que luchaba hasta el límite de sus posibilidades de la forma que todos conocen.

Por ejemplo, aquel Gran Premio de Italia de 1979 en el que los responsables de Ferrari le pidieron que dejara pasar a Jody Scheckter, aun cuando ambos pilotos de la Scudería tenían parecidas posibilidades de obtener el título mundial. Jody fue primero en Monza, Villeneuve segundo y el sudafricano se proclamó Campeón. "He rodado a propósito muy por debajo de nuestras posibilidades reales", me había dicho Gilles una vez finalizada la carrera y, dicho sea en honor a la verdad, sin atisbos de disgusto. Y es que humanamente, Gilles era lo que se dice una buena persona. Precisamente por ello, quince días antes de su accidente se vio sorprendido en su buena fe. Fue en Imola, donde Didier Pironi le arrebató aquella polémica victoria. Sostuve con Gilles una larga conversación telefónica después del incidente -sin poder imaginar que sería la última- y recuerdo lo enfadado que estaba; Él decía que con Didier, pero en realidad estaba enfadado consigo mismo y aunque aseguraba que a partir de entonces no tendría miramientos, sabía que humanamente iba a hacer juego limpio y que la única arma de que se valdría era, simplemente, su clase como piloto. Gilles era demasiado bueno. Me aseguraba que con Pironi no quería saber nada mas, y yo le dije, conociéndole, que no me lo podía creer.

"Es muy grave", me respondió, "me ha robado una victoria". Pero lo importante no fue lo que dijo sino el tono en el que lo dijo: exactamente el mismo que el de un niño que tiene una disputa con otro y al cabo de unas horas hace las paces con él. Lamentablemente, el destino de Villeneuve no le permitió llegar hasta ese momento. Todos los pilotos de la Fórmula 1 le querían. Fue uno de los que más lucharon en pro de las reivindicaciones y por hacer una Fórmula 1 más humana y más segura. Del movimiento que llegaron a crear con Pironi, Giacomelli, Tambay y Arnoux y últimamente con Lauda, no hace falta hablar. Yo lo recuerdo ahora hablando sinceramente de los problemas de los coches actuales, sentado en una mesa del Café de París un día de invierno en Montecarlo, con la teoría de que la solución ideal serían más caballos y menos adherencia; o mostrando su enfado durante una reunión de pilotos en el Jarama después de haber leído en un periódico madrileño que la FOCA, o sea, los pilotos, exigían no sé cuantos dólares para correr un determinado Gran Premio; o indignándose porque el Marqués de Cubas había dicho que "los accidentes eran la salsa del espectáculo". Todo lo relacionado con los pilotos y la seguridad- así como todo lo que se decía al respecto- le preocupaba. Y no solamente durante los fines de semana con Gran Premio sino siempre y a cualquier hora.

Fuimos muchos los que lloramos aquel día en Zolder. Fue terrible. Hasta el mismo Bernie Ecclestone tuvo que hacer esfuerzos por seguir aparentando que era el hombre frío, imperturbable y calculador de siempre. Desde aquel sábado, la Fórmula 1 no ha vuelto a ser la misma. Pero también desde aquel sábado, muchos despertaron y se pusieron a pensar, cosa que no hacían desde mucho tiempo atrás. La muerte de Gilles provocó un cambio notable en las relaciones humanas y políticas de la Fórmula 1. Las peleas y las polémicas amainaron. Fue una triste lección, pues hizo falta dar mucho para que fuese entendida: fue preciso que perdiese la vida un generoso y sencillo piloto venido de Quebec, cuya filosofía de las competición y su excepcionales cualidades para practicarla han marcado una época en la Fórmula 1 de forma tan decisiva que nadie podrá ya jamás olvidarlo".


Salut Gilles
   
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Gilles Villeneuve - 08-05-2006, 14:19:06

Hoy se cumplen 24 años de la muerte del que considero el mayor "volantista", el piloto mas espectacular de la historia de la F-1. A continuacion dejo un articulo que aparece en el libro 'La Década Mágica' de Paco Costas

Quien ama el peligro, perecerá en él

Sobre Gilles Villeneuve, sobre su valor y la emoción contagiosa que imprimía a las carreras, ya hemos hecho algunos comentarios en distintos pasajes del libro. Y fue probablemente ese valor, en ocasiones ciego, el que causó su muerte en 1982. Pero aún no habiendo sabido rentabilizar ese valor en forma de resultados, quizás por la falta de control de sí mismo, lo que nadie podrá jamas negarle, es que su forma de luchar en la pista bajo cualquier circunstancia le hacen acreedor a la leyenda que le convirtió en un mito.

Javier del Arco, uno de los periodistas con más experiencia en la Fórmula 1 y editor de un magnifico libro- resumen anual, bajo el título Libro del Año, en el correspondiente a 1982, al referirse a la muerte del piloto canadiense, utiliza la frase que encabeza este párrafo, en mi opinión de forma, muy acertada: "Quien ama el peligro, perecerá en él." Y continúa: "Bajo tal punto de vista, la muerte de Gilles Villeneuve en Zolder no debiera habernos sorprendido. Gilles no era simplemente un piloto de carreras y, en consecuencia, un profesional del riesgo. Era, sin duda, el piloto que asumía mayores riesgos. Y, por lo tanto, el que con mayor probabilidad se veía expuesto a un accidente."

Y fue quizás su previsible final trágico, el que en mayor medida contribuyó a provocar la pasión en muchos de sus incondicionales admiradores. Una prueba más de lo que Villeneuve logró transmitir a quienes le siguieron, quedó perfectamente reflejada en una sentida crónica, escrita por el periodista español Francesc Roses en el mismo anuario, bajo el título, Mis Recuerdos de un Piloto Extraordinario.

"Villeneuve fue un piloto distinto. Un extraterrestre en el mundo de la Fórmula 1 actual. No era demasiado exigente con la puesta a punto de su monoplaza; o con los neumáticos. "Pasaba" de reglajes a la milésima y de estudios aerodinámicos con computadora. Si su coche podía tenerse más o menos sobre la pista, no hacía falta más. Él ponía el resto. ¡Y de qué forma! Nadie podrá olvidar sus sensacionales salidas, donde demostraba que no hacía falta estar en la "pole position" para llegar a ir delante. O la mayor parte de sus carreras cargadas de combatividad, fuerza o creatividad. Aquel Gran Premio de Holanda con tres ruedas, su victoria del Jarama en 1981, sus remontadas… Personalmente, la actuación de Gilles que recuerdo con mayor emoción es el Gran Premio de Canadá de 1981. Fue sobre mojado y debido a varios golpes con otros participantes, el morro de su Ferrari había quedado totalmente destrozado, hasta tal punto, que Gilles tenía que sacar la cabeza por un lado para poder ver lo que tenía delante, pues el alerón -lo que quedaba de él- le impedían la visión. El público vibraba; todos vibrábamos. Finalmente, el morro se desprendió. Y ante nuestros ojos, con la pista totalmente inundada y a más de 180 km/h, el Ferrari número 27 empezó a cruzarse. Y, entonces, Gilles procedió a controlar de forma asombrosa una situación que nadie más hubiese podido remediar… o a la que, simplemente, ningún otro se hubiese atrevido a llegar.

Yo casi diría que Villeneuve marcaba la Fórmula 1 porque era prácticamente el único que emocionaba y hacía estremecer al espectador en un momento proclive a la frialdad. Era el ídolo, justificada y merecidamente, sin parangón alguno con los demás pilotos de su generación. No corría para proclamarse campeón mundial o para demostrar algo; lo hacía simplemente, porque disfrutaba corriendo, sin presunción, entregándose al cien por cien. Jamás tuvo problemas con sus compañeros de equipo. Ni siquiera cuando Carlos Reutemann -piloto polémico por excelencia- corrió con él para Ferrari, lo que ya de por sí es un dato muy significativo. En cierta manera, resultaba paradójico que un piloto tan temperamental en la pista fuera tan honesto y tan honrado. Durante las últimas temporadas, la Fórmula 1 ha conocido varios casos de pilotos que se han negado a sacrificar un resultado o una posibilidad por el bien del equipo. Es un tema, ¿por qué negarlo?, que merece ser bien analizado y debatido, pero a mí me gustaría recordar aquí las experiencias al respecto vividas por ese piloto que luchaba hasta el límite de sus posibilidades de la forma que todos conocen.

Por ejemplo, aquel Gran Premio de Italia de 1979 en el que los responsables de Ferrari le pidieron que dejara pasar a Jody Scheckter, aun cuando ambos pilotos de la Scudería tenían parecidas posibilidades de obtener el título mundial. Jody fue primero en Monza, Villeneuve segundo y el sudafricano se proclamó Campeón. "He rodado a propósito muy por debajo de nuestras posibilidades reales", me había dicho Gilles una vez finalizada la carrera y, dicho sea en honor a la verdad, sin atisbos de disgusto. Y es que humanamente, Gilles era lo que se dice una buena persona. Precisamente por ello, quince días antes de su accidente se vio sorprendido en su buena fe. Fue en Imola, donde Didier Pironi le arrebató aquella polémica victoria. Sostuve con Gilles una larga conversación telefónica después del incidente -sin poder imaginar que sería la última- y recuerdo lo enfadado que estaba; Él decía que con Didier, pero en realidad estaba enfadado consigo mismo y aunque aseguraba que a partir de entonces no tendría miramientos, sabía que humanamente iba a hacer juego limpio y que la única arma de que se valdría era, simplemente, su clase como piloto. Gilles era demasiado bueno. Me aseguraba que con Pironi no quería saber nada mas, y yo le dije, conociéndole, que no me lo podía creer.

"Es muy grave", me respondió, "me ha robado una victoria". Pero lo importante no fue lo que dijo sino el tono en el que lo dijo: exactamente el mismo que el de un niño que tiene una disputa con otro y al cabo de unas horas hace las paces con él. Lamentablemente, el destino de Villeneuve no le permitió llegar hasta ese momento. Todos los pilotos de la Fórmula 1 le querían. Fue uno de los que más lucharon en pro de las reivindicaciones y por hacer una Fórmula 1 más humana y más segura. Del movimiento que llegaron a crear con Pironi, Giacomelli, Tambay y Arnoux y últimamente con Lauda, no hace falta hablar. Yo lo recuerdo ahora hablando sinceramente de los problemas de los coches actuales, sentado en una mesa del Café de París un día de invierno en Montecarlo, con la teoría de que la solución ideal serían más caballos y menos adherencia; o mostrando su enfado durante una reunión de pilotos en el Jarama después de haber leído en un periódico madrileño que la FOCA, o sea, los pilotos, exigían no sé cuantos dólares para correr un determinado Gran Premio; o indignándose porque el Marqués de Cubas había dicho que "los accidentes eran la salsa del espectáculo". Todo lo relacionado con los pilotos y la seguridad- así como todo lo que se decía al respecto- le preocupaba. Y no solamente durante los fines de semana con Gran Premio sino siempre y a cualquier hora.

Fuimos muchos los que lloramos aquel día en Zolder. Fue terrible. Hasta el mismo Bernie Ecclestone tuvo que hacer esfuerzos por seguir aparentando que era el hombre frío, imperturbable y calculador de siempre. Desde aquel sábado, la Fórmula 1 no ha vuelto a ser la misma. Pero también desde aquel sábado, muchos despertaron y se pusieron a pensar, cosa que no hacían desde mucho tiempo atrás. La muerte de Gilles provocó un cambio notable en las relaciones humanas y políticas de la Fórmula 1. Las peleas y las polémicas amainaron. Fue una triste lección, pues hizo falta dar mucho para que fuese entendida: fue preciso que perdiese la vida un generoso y sencillo piloto venido de Quebec, cuya filosofía de las competición y su excepcionales cualidades para practicarla han marcado una época en la Fórmula 1 de forma tan decisiva que nadie podrá ya jamás olvidarlo".


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Tributo a Gilles Villeneuve

http://www.youtube.com/watch?v=qz9ZQ...s%20villeneuve

http://www.youtube.com/watch?v=Ft706...s%20villeneuve
   
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24-10-2006, 20:50:31

gracias luca,yo tambien soy admirador de Gilles Villeneuve,no habia vuelto a ver las imagenes del accidente desde de ocurrio y me han hecho llorar como entonces y cada vez que perdemos a uno de los nuestros que nos hacen vivir tan intensamente las carreras.
Ellos nos han dado momentos inolvidables y nosotros los recordamos e idolatramos para que su legado siga con el paso de los años.Es nuestra pequeña colaboracion hacia ellos para mantenerlos vivos en la memoria de quienes los conocimos y mostrarlo a los que no pudieron por razones de edad.Gracias de nuevo Luca y gracias a ti Gilles.
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08-05-2007, 08:13:47

Como luca seguro que recuerda, hoy hace exactamente 25 años que este bravo piloto nos dejó.

Uno de mis mayores (por no decir practicamente el unico) idolos en la competicion por su entrega, carisma y sobretodo conducción arriesgada.

Algun día colgaré una foto del unico poster que tengo enmarcado en mi habitación, con ese bolido numero 27.

Visitad esta web, merece la pena.
http://www.ventisetterosso.com/

Il + grande pilota che la Ferrari abbia mai avuto


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Como luca seguro que recuerda, hoy hace exactamente 25 años que este bravo piloto nos dejó.

Uno de mis mayores (por no decir practicamente el unico) idolos en la competicion por su entrega, carisma y sobretodo conducción arriesgada.

Algun día colgaré una foto del unico poster que tengo enmarcado en mi habitación, con ese bolido numero 27.

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25 años...

Los grandes nunca morirán en nuestros corazones.
   
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Gilles Villeneuve "El Príncipe de la F-1"
Por Cristóbal Rosaleny Sancho

Una visión apresurada de su figura no dejaba translucir la fuerza que anidaba en su interior. Era menudo y delgado. Sus ojos traicionaban un rostro que parecía el de un tierno joven. Su mirada, normalmente melancólica, sufría una inmediata transformación cuando finalizaba su particular ritual de colocarse el casco. Sus ojos adquirían una brillante viveza, una mirada de determinación inenarrable. Alguien decía que poseía la "mirada que mata".
Había dejado los nevados paisajes de Canadá y transformado el furor por las motos de nieve por la pasión por la velocidad en circuito. Las vecinas pistas de USA fueron testigos del fulgurante ascenso del menudo Gilles. La Can-Am y la Fórmula Atlantic fueron buenas pasarelas para que Gilles pudiera comenzar a emocionar al mundo.

El salto a la vieja Europa estaba cantado. Para el exclusivista mundo de la F-1, este recién llegado era un desconocido más, un don nadie, que como otros intentaba alcanzar algo de notoriedad, un americano que procedía de los "trineos de nieve". Pocos podían suponer que Gilles, en su primer GP, iba a dominar a pilotos con más experiencia y máquinas muy superiores. Jochen Mass fue literalmente humillado por este joven que, con un viejo McLaren M23 rodaría en cuarta posición, por delante de los M26, mucho más eficaces. Sólo un problema con la instrumentación que, estropeada, marcaba una temperatura excesiva, evitó que se consumara un resultado que hubiera hecho justicia a una actuación sorprendente. En este GP de Gran Bretaña de 1977, se puede decir que comenzó a nacer la leyenda de Gilles Villeneuve.

Cuando el aprecio mutuo que Lauda y Ferrari sentían se agotó, "Il Commendatore" tuvo que afrontar el problema de la sucesión del austriaco. La ruptura con Niki fue áspera y Enzo Ferrari necesitaba a alguien que sacara de la cabeza a los tifosi al "hebreo". Tenía una larga lista, pero a la cabeza de ella está el nombre de Gilles Villeneuve. Era una apuesta, un salto al vacío, pero "Il Drake" sentía que este canadiense desconocido, que tanto le impresionó en su primera salida con un coche de F-1, era de pasta especial. Lo llamó a Maranello y Gilles acudió sin dilación. Enzo quiso comprobar quien era este chico y le hizo hacer una prueba. Ferrari pudo comprender que había dado con un talento natural y decidió que debutase en las últimas carreras del año 1977. Su valentía era grande, pero la falta de experiencia y las prisas por recompensar la confianza que Enzo Ferrari había depositado en él, le hizo cometer algunos errores. El fogoso Villeneuve inició su andadura en F-1 coleccionando trompos, salidas de pista y algún accidente.

En Japón, en Monte Fuji, Gilles se encontró con otro mastín del volante; Ronnie Peterson tampoco era un personaje que se amilanara fácilmente. Dos monoplazas luchan al final de recta, ninguno de los dos pilotos está dispuesto a ceder, sus ruedas viajan a centímetros unas de otras mientras giran a más de 220 Km/h. Un ligero toque y el Ferrari se eleva del suelo, describiendo una terrorífica pirueta que detiene el tiempo. Las redes de contención no pueden frenar la macabra danza que el monoplaza, fuera de control, ha iniciado. Cuando el vals finaliza, Gilles desciende milagrosamente indemne de su Ferrari, pero en ese lugar donde, por razones de seguridad, estaba prohibido que nadie se situara, dos personas que no siguieron la recomendación perdieron la vida bajo el, ahora, inerte bólido. Gilles nunca sintió el peso de estas muertes sobre sus hombros. Estas personas nunca debieron estar en ese lugar, pero la prensa comenzó a criticar la elección de este desconocido, lo apodaban maliciosamente "el aviador". Hasta el propio Enzo Ferrari tuvo que salir en su defensa. Era su apuesta e iba a continuarla hasta el final.

Poco a poco, Gilles iba haciendo tesoro de su experiencia y fue concretando algo de lo mucho que tenía en su interior. Aunque sin tener demasiada suerte en los resultados, la exhuberancia de su pilotaje enamoró al público. Los "tifosi" se rindieron a sus pies. Sin llegar a ganar demasiadas carreras, el corazón de sus aficionados era ya suyo. En Dijon '79, las cámaras de televisión de todo el mundo fueron testigos de uno de los duelos más electrizantes de la historia moderna de la F-1. Gilles Villeneuve y René Arnoux hicieron subir a las estrellas el ritmo cardíaco de todo el mundo. Su lucha era por la segunda posición de carrera, pero su ardor más bien parecía que fuera su vida la que dependiera de esa conquista. Tantas veces René superaba a Gilles, éste le devolvía la jugada con una maniobra al límite de la física. Su voluntad era irrefrenable. Voluntad de victoria, aunque fuera parcial, vencer en duelo a otro participante, no importaba la posición. Para Gilles no cabía en la mente la idea de llegar a meta en el puesto que merecía la máquina, para Gilles, correr era ganar. René tuvo que conformarse con la tercera plaza y los dos con haber dado a la F-1 uno de sus episodios más remarcables.

Dos años después, en el GP de España, Gilles acuñó otra carrera de leyenda. Con una salida "cañón" (ocupaba la cuarta línea de parrilla) conquistó la segunda posición que pronto convertiría en primera, y con una clase superior mantuvo tras de él, durante 66 vueltas, a una jauría de 4 coches, todos ellos superiores a su Ferrari. Pero Gilles poseía la tenacidad de "Black Jack", la habilidad de Rindt y la autoridad de mantenerse en cabeza como Ascari. Gilles ganó la carrera con un margen de 1 segundo entre él y el quinto clasificado.

Gilles ganó pocas carreras, tampoco ganó demasiado Nuvolari, sólo lo hizo cuando dispuso de un medio superior. Pero su increíble voluntad, su determinación inigualable, su virtuosismo en dominar el medio mecánico y su capacidad para escapar indemne de los accidentes más espectaculares, hacía que en el pensamiento de la gente, Gilles fuera algo sobrenatural, casi inmortal. Es por eso que los aficionados de todo el mundo permanecieran incrédulos ante las noticias de agencia que anunciaban el fin de la vida de Gilles. Fue en Bélgica, en el circuito de Zolder, un maldito 8 de mayo de 1982. Todavía, una vez más, nuestro llorado Gilles partía para dar el máximo de sí. Pironi, su compañero y enemigo, le aventajaba en 120 milésimas de segundo. Su orgullo no le permitía estar detrás del francés tras la traición sufrida 15 días antes en San Marino. Su mítico Ferrari número 27 se lanzaba a lo que los italianos llaman "il giro de la morte".

Nunca una expresión pudo expresar tan fielmente lo que iba a ocurrir. Villeneuve alcanza a el March de Jochen Mass, que discurre a velocidad reducida. En una milésima de segundo, Gilles decide superarlo por la derecha. En ese mismo instante, el March número 17 decide apartarse sobre ese mismo lado. Una incomprensión de quinta a fondo que cancela para siempre un sueño, una vida. El Ferrari, que golpea la rueda trasera derecha del March, vuela por encima de éste, cae, y se eleva de nuevo, describiendo un "loop" fatal. Los anclajes que unen el asiento al monoplaza ceden, separándose el piloto de la máquina como el alma se separa del cuerpo. Cuando desciende, los cabellos del "Príncipe" se confunden con la hierba. Un tétrico azul oscuro cubre su rostro mientras el verde césped se tiñe de rojo. A las 21:12, un comunicado del hospital de Lovaina anuncia el fallecimiento de Gilles Villeneuve. Gilles inicia su último y definitivo ascenso. Esta vez para ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses de la F-1.

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Gilles Villeneuve "El Príncipe de la F-1"
Por Cristóbal Rosaleny Sancho

Una visión apresurada de su figura no dejaba translucir la fuerza que anidaba en su interior. Era menudo y delgado. Sus ojos traicionaban un rostro que parecía el de un tierno joven. Su mirada, normalmente melancólica, sufría una inmediata transformación cuando finalizaba su particular ritual de colocarse el casco. Sus ojos adquirían una brillante viveza, una mirada de determinación inenarrable. Alguien decía que poseía la "mirada que mata".
Había dejado los nevados paisajes de Canadá y transformado el furor por las motos de nieve por la pasión por la velocidad en circuito. Las vecinas pistas de USA fueron testigos del fulgurante ascenso del menudo Gilles. La Can-Am y la Fórmula Atlantic fueron buenas pasarelas para que Gilles pudiera comenzar a emocionar al mundo.

El salto a la vieja Europa estaba cantado. Para el exclusivista mundo de la F-1, este recién llegado era un desconocido más, un don nadie, que como otros intentaba alcanzar algo de notoriedad, un americano que procedía de los "trineos de nieve". Pocos podían suponer que Gilles, en su primer GP, iba a dominar a pilotos con más experiencia y máquinas muy superiores. Jochen Mass fue literalmente humillado por este joven que, con un viejo McLaren M23 rodaría en cuarta posición, por delante de los M26, mucho más eficaces. Sólo un problema con la instrumentación que, estropeada, marcaba una temperatura excesiva, evitó que se consumara un resultado que hubiera hecho justicia a una actuación sorprendente. En este GP de Gran Bretaña de 1977, se puede decir que comenzó a nacer la leyenda de Gilles Villeneuve.

Cuando el aprecio mutuo que Lauda y Ferrari sentían se agotó, "Il Commendatore" tuvo que afrontar el problema de la sucesión del austriaco. La ruptura con Niki fue áspera y Enzo Ferrari necesitaba a alguien que sacara de la cabeza a los tifosi al "hebreo". Tenía una larga lista, pero a la cabeza de ella está el nombre de Gilles Villeneuve. Era una apuesta, un salto al vacío, pero "Il Drake" sentía que este canadiense desconocido, que tanto le impresionó en su primera salida con un coche de F-1, era de pasta especial. Lo llamó a Maranello y Gilles acudió sin dilación. Enzo quiso comprobar quien era este chico y le hizo hacer una prueba. Ferrari pudo comprender que había dado con un talento natural y decidió que debutase en las últimas carreras del año 1977. Su valentía era grande, pero la falta de experiencia y las prisas por recompensar la confianza que Enzo Ferrari había depositado en él, le hizo cometer algunos errores. El fogoso Villeneuve inició su andadura en F-1 coleccionando trompos, salidas de pista y algún accidente.

En Japón, en Monte Fuji, Gilles se encontró con otro mastín del volante; Ronnie Peterson tampoco era un personaje que se amilanara fácilmente. Dos monoplazas luchan al final de recta, ninguno de los dos pilotos está dispuesto a ceder, sus ruedas viajan a centímetros unas de otras mientras giran a más de 220 Km/h. Un ligero toque y el Ferrari se eleva del suelo, describiendo una terrorífica pirueta que detiene el tiempo. Las redes de contención no pueden frenar la macabra danza que el monoplaza, fuera de control, ha iniciado. Cuando el vals finaliza, Gilles desciende milagrosamente indemne de su Ferrari, pero en ese lugar donde, por razones de seguridad, estaba prohibido que nadie se situara, dos personas que no siguieron la recomendación perdieron la vida bajo el, ahora, inerte bólido. Gilles nunca sintió el peso de estas muertes sobre sus hombros. Estas personas nunca debieron estar en ese lugar, pero la prensa comenzó a criticar la elección de este desconocido, lo apodaban maliciosamente "el aviador". Hasta el propio Enzo Ferrari tuvo que salir en su defensa. Era su apuesta e iba a continuarla hasta el final.

Poco a poco, Gilles iba haciendo tesoro de su experiencia y fue concretando algo de lo mucho que tenía en su interior. Aunque sin tener demasiada suerte en los resultados, la exhuberancia de su pilotaje enamoró al público. Los "tifosi" se rindieron a sus pies. Sin llegar a ganar demasiadas carreras, el corazón de sus aficionados era ya suyo. En Dijon '79, las cámaras de televisión de todo el mundo fueron testigos de uno de los duelos más electrizantes de la historia moderna de la F-1. Gilles Villeneuve y René Arnoux hicieron subir a las estrellas el ritmo cardíaco de todo el mundo. Su lucha era por la segunda posición de carrera, pero su ardor más bien parecía que fuera su vida la que dependiera de esa conquista. Tantas veces René superaba a Gilles, éste le devolvía la jugada con una maniobra al límite de la física. Su voluntad era irrefrenable. Voluntad de victoria, aunque fuera parcial, vencer en duelo a otro participante, no importaba la posición. Para Gilles no cabía en la mente la idea de llegar a meta en el puesto que merecía la máquina, para Gilles, correr era ganar. René tuvo que conformarse con la tercera plaza y los dos con haber dado a la F-1 uno de sus episodios más remarcables.

Dos años después, en el GP de España, Gilles acuñó otra carrera de leyenda. Con una salida "cañón" (ocupaba la cuarta línea de parrilla) conquistó la segunda posición que pronto convertiría en primera, y con una clase superior mantuvo tras de él, durante 66 vueltas, a una jauría de 4 coches, todos ellos superiores a su Ferrari. Pero Gilles poseía la tenacidad de "Black Jack", la habilidad de Rindt y la autoridad de mantenerse en cabeza como Ascari. Gilles ganó la carrera con un margen de 1 segundo entre él y el quinto clasificado.

Gilles ganó pocas carreras, tampoco ganó demasiado Nuvolari, sólo lo hizo cuando dispuso de un medio superior. Pero su increíble voluntad, su determinación inigualable, su virtuosismo en dominar el medio mecánico y su capacidad para escapar indemne de los accidentes más espectaculares, hacía que en el pensamiento de la gente, Gilles fuera algo sobrenatural, casi inmortal. Es por eso que los aficionados de todo el mundo permanecieran incrédulos ante las noticias de agencia que anunciaban el fin de la vida de Gilles. Fue en Bélgica, en el circuito de Zolder, un maldito 8 de mayo de 1982. Todavía, una vez más, nuestro llorado Gilles partía para dar el máximo de sí. Pironi, su compañero y enemigo, le aventajaba en 120 milésimas de segundo. Su orgullo no le permitía estar detrás del francés tras la traición sufrida 15 días antes en San Marino. Su mítico Ferrari número 27 se lanzaba a lo que los italianos llaman "il giro de la morte".

Nunca una expresión pudo expresar tan fielmente lo que iba a ocurrir. Villeneuve alcanza a el March de Jochen Mass, que discurre a velocidad reducida. En una milésima de segundo, Gilles decide superarlo por la derecha. En ese mismo instante, el March número 17 decide apartarse sobre ese mismo lado. Una incomprensión de quinta a fondo que cancela para siempre un sueño, una vida. El Ferrari, que golpea la rueda trasera derecha del March, vuela por encima de éste, cae, y se eleva de nuevo, describiendo un "loop" fatal. Los anclajes que unen el asiento al monoplaza ceden, separándose el piloto de la máquina como el alma se separa del cuerpo. Cuando desciende, los cabellos del "Príncipe" se confunden con la hierba. Un tétrico azul oscuro cubre su rostro mientras el verde césped se tiñe de rojo. A las 21:12, un comunicado del hospital de Lovaina anuncia el fallecimiento de Gilles Villeneuve. Gilles inicia su último y definitivo ascenso. Esta vez para ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses de la F-1.

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